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El éxtasis y la nostalgia del paraíso

El éxtasis y la nostalgia del paraíso

El doctor en medicina Andrew Weil sostiene que el impulso más importante en el ser humano es la búsqueda de la experiencia trascendental, siendo más poderoso incluso que el deseo sexual o el instinto de supervivencia. La evolución del ser humano es un sendero hacia la totalidad de la conciencia, hacia una integración de todas las partes del Ser. Un impulso vital que nos empuja hacia la comunión y la armonía con la toda la existencia, hacia el éxtasis de la totalidad. Pero si ignoramos o nos resistimos a este impulso evolutivo y no lo aceptamos seremos víctimas de las patologías psicológicas más frecuentes. Estaremos nadando a contracorriente. Uno de los padres de la psicología transpersonal, el psiquiatra Roberto Assagioli, señala, a propósito de este impulso evolutivo, cómo a veces ocurre que una persona se ve sorprendida y perturbada por un cambio interior, y cómo dicho cambio comienza frecuentemente con un sentimiento creciente de insatisfacción y de carencia al que se le añade paulatinamente un sentimiento de irrealidad y de vacío de la vida cotidiana. Muchas personas que no entienden el significado de estos nuevos estadios de la mente los consideran como fantasías y divagaciones anormales o patológicas.

 

TRANCE Y ÉXTASIS

A lo largo de toda la historia de la humanidad podemos encontrar como en la mayoría de culturas tenían técnicas para acceder y explorar este impulso vital hacia la trascendencia. Estas técnicas nos inducen al trance extático, y suelen favorecer la trascendencia momentánea de la visión dual del ego, alterando nuestras percepciones y modificando la conciencia hacia otros niveles más profundos y sutiles. Con el trance dejamos el mundo ordinario, rompiendo la frontera entre la Tierra y el Cielo, entre lo profano y lo divino. La alteración del estado ordinario de conciencia constituye la esencia del trance o éxtasis, dependiendo del nivel de profundidad y disolución del ego que se alcance en la experiencia. La palabra “trance” proviene del francés transe, de transir, y ésta, a su vez, del latín transire, que significa «pasar de un lugar a otro». Y la palabra “éxtasis procede del término griego ektasis, que significa «desplazarse, alejarse de los sentidos». Por lo tanto, podemos considerar al trance y al éxtasis como el paso de un estado ordinario de la conciencia a otro diferente. Resultando una incursión en lo desconocido y oculto de la naturaleza —tanto en el mundo interno como externo—, pudiendo alcanzar los más profundos y sutiles niveles de lo sagrado o numinoso, conocidos como trance extático o éxtasis místico.

Por medio del trance se descubre un mundo diferente, que no es ni privado ni limitado, sino transpersonal y lleno de significado: un mundo extraordinario y sagrado. A través del trance uno se desliga del tiempo ordinario y discursivo y accede al Gran Tiempo, el tiempo de los orígenes, considerado por las tradiciones como una realidad más auténtica. Al trance debemos considerarlo como un despertar a otro nivel de la realidad, es una ampliación de la conciencia o, dicho de otro modo: un enfoque o desplazamiento focal de la conciencia. Será nuestra preparación lo que nos posibilitará el estar plenamente conscientes durante la incursión a esa realidad que hasta este momento permanecía invisible.

 

AL ENCUENTRO DEL PARAÍSO PERDIDO

Los aspectos mitológicos de las culturas ancestrales aportan una vía para equilibrar los factores discursivos y alienantes del presente encapsulado por el ego. Resulta extremadamente beneficioso para la psique el recurrir a los mitos del origen o mitos del tiempo primordial: la vuelta al estado de pureza del que surgió todo cuanto existe. Este contacto con el origen es un encuentro profundo, un acercamiento al arquetipo del Self, aquella parte de nosotros que siempre está en contacto con la fuente. Entre el estado primordial o estado original del mundo existe una inmensa gama de niveles intermedios hasta el nivel del mundo consciente o realidad ordinaria. En estos diferentes niveles podemos encontrar a todos los dioses, héroes y seres fantásticos de cualquier mitología en que nos fijemos. La vuelta al paraíso del jardín del Edén es el regreso al lugar del origen, donde recuperar nuestra auténtica y más profunda naturaleza. Encontrando nuestro centro —el arquetipo del Self o de la Unidad—, podremos actuar desde él sin los miedos, ni los tabúes limitadores a que nos tiene acostumbrados el ego. Es desde el Self, el núcleo de nuestra alma, en donde surge la nostalgia del paraíso y nos embarca en una búsqueda de la felicidad primordial.

Pero el aproximarse al origen, al núcleo del ser, es una tarea ardua, es una heroica tarea o enfrentamiento con los obstáculos que desde la percepción del ego consideramos como terribles monstruos. Es el camino del ser, el viaje del héroe mitológico que se aleja del mundo real y cotidiano para adentrarse en el mundo de lo mágico o desconocido. Es el sendero hacia la trascendencia. Es el recorrido por los abismos y profundidades de lo inexplorado lo que hará que el héroe encuentre un maravilloso tesoro: esa joya o parte divina que tenemos todos en lo más profundo de nuestro interior. El héroe que trasciende su condición egoica, se transforma en un nuevo ser humano totalmente pleno e íntegro. Podríamos decir, que el éxtasis, tal como dice el diccionario, que es «una exultación del espíritu, la beatitud del paraíso». Que, a diferencia del estado efímero de la alegría, es un estado duradero que alimenta y sostiene tanto al espíritu como al cuerpo. El gozo del éxtasis no provoca un deseo ardiente de más, porque es suficien­te. Se alcanzar la plenitud.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

Cosmogonías divinas, cosmogonías vegetales

Cosmogonías divinas, cosmogonías vegetales

Desde los primeros estadios de la evolución humana, los seres humanos han mantenido una estrecha relación con la naturaleza y, muy especialmente, con el mundo vegetal que alberga. El Paraíso primigenio es descrito en el Génesis bíblico como un impresionante vergel, el jardín del Edén: el lugar idílico donde apareció el ser humano por primera vez. Este mito del jardín del Edén conecta nuestro origen humano directamente con el mundo vegetal. Y nos conecta con las plantas sagradas: El Árbol de la Vida y el Árbol del Bien y del Mal. Fueron las plantas las primeras formas de vida en la Tierra, y de ellas han evolucionado todas las demás especies animales, incluido el ser humano. Básicamente podemos considerar el fenómeno de la religión como una respuesta de la cultura humana al interrogante de lo sagrado y lo divino. Y en relación con nuestros orígenes siempre vamos a encontrarnos el reino vegetal muy cerca de nuestro propio origen. La palabra «cultura» deriva precisamente de «cultivo». La agricultura, el cultivo de las plantas, constituye la primera profesión, fruto de la sedentarización de los primeros humanos. De estos primeros asentamientos humanos cultivadores de plantas surgieron las primeras aldeas y pueblos que darían paso, con el tiempo, a las grandes civilizaciones y sus respectivos cultos religiosos. Infinidad de mitos sobre dioses civilizadores nos ofrecen una metafórica visión de aquel pasado remoto de la humanidad en donde el reino vegetal está estrechamente emparentado con los dioses. En las antiguas culturas matriarcales, que rendían culto a la Gran Diosa, era frecuente que su simbolismo fuera de carácter vegetal.

 

LAS PLANTAS SAGRADAS Y LA DIOSA

A menudo los roles simbólicos de la Diosa -sobre todo aquellos que tienen que ver con la fertilidad- eran identificados con el toro, el buey o la vaca ya que los cuernos de estos bóvidos son equiparables a los de la Luna y sus ciclos. Asociándolos al rayo, al trueno y las lluvias que fecundan las tierras, aparecen todos ellos como símbolos muy vinculados a la botánica sagrada. Algunas de las plantas constituyeron nuestro primer alimento, otras sirvieron de medicina y las denominadas plantas sagradas se consideraron divinidades o vías de acceso hacia el mundo espiritual. El reino vegetal está estrechamente emparentado con lo divino y los mundos supranaturales, probablemente porque las plantas son los seres que llevan más tiempo poblando el planeta y, por lo tanto, se encuentran más cerca de los orígenes de la vida en la Tierra. Ciertamente, el hombre arcaico incorporó el mundo vegetal en las descripciones simbólicas de su cosmogonía y su visión cíclica del cosmos.

Nada hay que exprese mejor el despliegue de la vida universal que el de una planta en su pleno desarrollo, y muy especialmente en el simbolismo del Árbol Cósmico que aparece en la mayoría de las culturas y tradiciones ancestrales. También encontramos la simbología vegetal en los relatos mitológicos acerca del origen del ser humano en muchas otras culturas: en la cosmogonía iraní, por ejemplo, el dios Ormuz (Ahura Mazda) creó al primer ser humano y éste fue asesinado por el demonio Ahrimán; pero su semilla ya había fecundado la tierra y nacieron los gemelos Mashya y Mashyana, que en un principio crecieron como arbustos y posteriormente se convirtieron en los progenitores de la humanidad. Otro ejemplo lo encontramos en los relatos de El libro de las Maravillas del célebre viajero Marco Polo donde cuenta cómo «el primer rey de los vighuros nació de un cierto hongo alimentado por la savia de los árboles». El chamanismo, a través de su forma simbólica de ver el mundo, representa el cosmos y sus ciclos con un amplio abanico de historias y seres mitológicos. Los propios ritos chamánicos se rigen por una estructura fuertemente cosmológica, a través de la cual emerge el propio Universo y se desvela el origen de los tiempos. Como advierte Mircea Eliade, el simbolismo mediante el cual se expresa la comunicación entre los diferentes niveles cósmicos es bastante complejo y no está exento de contradicciones. Pero el esquema esencial resulta bastante claro, incluso después de las muchas transformaciones sufridas a lo largo de la historia.

 

EL ÁRBOL CÓSMICO O SAGRADO

El chamán divide el Universo en tres zonas bien definidas: el mundo terrenal o medio, el mundo infernal o de abajo y el mundo celeste o de arriba. El símbolo que aúna esta forma de concebir el cosmos es el Árbol Cósmico o Eje Cósmico. El chamán, con su iniciación, aprende a usar este simbolismo que le permite moverse con total libertad por los diferentes mundos. El éxtasis o la ampliación de la conciencia, suponen el «desplazamiento» por los diferentes niveles del Eje Cósmico o Axis mundi. Como ningún otro símbolo, el árbol representa al Universo y su continuo proceso regenerativo. El árbol se nutre del cielo y de la tierra, sus frutos, hojas, madera y flores vuelven a reintegrarse a la naturaleza constantemente. El Árbol Cósmico es la imagen de la vida, del crecimiento universal y de la evolución de la conciencia expandiéndose hacia su totalidad.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO
(Del libro BOTÁNICA SAGRADA, 2009)

Chamanes: Los mantenedores de los mitos

Chamanes: Los mantenedores de los mitos

A varios investigadores científicos corresponde el mérito de haber realizado los primeros estudios multidisciplinares sobre plantas visionarias y sustancias psicoactivas. En 1860 el micólogo británico Mordecai C. Cooke expuso su propia teoría mítica sobre el origen de las sustancias visionarias en su obra Las siete hermanas del sueño, un estudio pionero sobre el uso de las plantas psicoactivas y alucinógenas más populares de la era victoriana. Otro de los primeros investigadores más relevantes fue el toxicólogo alemán Louis Lewin que en 1924 escribió un libro titulado Phantasticaque marcó las primeras pautas en el estudio de las sustancias visionarias.

Después le siguieron investigadores de la talla de Robert Gordon Wasson, Robert Graves, Richard Evans Schultes, Albert Hoffman, Roger Heim, Carl A. P. Ruck, Peter T. Furst, Terence McKenna, Giorgio Samorini y un largo etc. Gracias a ellos tenemos una idea aproximada de la identidad y el uso de plantas sagradas como el somahaoma, el kikeón, etc. aún quedan infinidad de nombres misteriosos que hacen referencia a la botánica sagrada como el nephethésmoly….. Pero sin duda alguna, es el testimonio de los «hombres de conocimiento», de los chamanes –en la mayoría de los casos anónimos– la expresión de una maravillosa sabiduría milenaria que se ha aplicado con todo su potencial en el uso de la botánica sagrada.

 

CHAMANES, LOS MANTENEDORES DE LOS MITOS 

Son los chamanes los mantenedores de los mitos, los que recrean con sus ritos el orden del universo y transmiten sus visiones cosmogónicas como mapas de una realidad mutidimensional mucho más amplia que lo percibido habitualmente. Hoy por hoy hay un auge, un ávido interés en el uso de las plantas sagradas. Como dijo T. McKenna en su obra El Manjar de los Dioses: «Se está produciendo un revival de lo arcaico y un renacimiento de la conciencia de la Diosa». Y efectivamente es evidente que hay un creciente interés por los frutos sagrados de Gaia. Se dan sincretismos religiosos, síntesis entre culturas apareciendo un nuevo chamanismo, integrador y multidisciplinar como una extensión de los orígenes y de la sabiduría perenne que ofrece una inestimable apertura a la conciencia de lo invisible. El sistema social imperante en occidente –basado en la ciencia y la razón– actúa como un ente que se alimenta de las personas que se comportan como engranajes ciegos y mecánicos.

El sistema siempre ha demonizado a todo lo que libere al individuo de su civilizada y confortable jaula, impidiendo que las personas tomen realmente decisiones por ellas mismas, en definitiva que ejerzan verdaderamente su libertad como seres humanos. Durante siglos las plantas sagradas han sido reverenciadas por la mayoría de culturas a lo largo de la historia del planeta pero a medida  que las civilizaciones han llegado a su apogeo, han perecido sus cultos sagrados, prohibiéndolos, castigándolos y relegándolos al olvido. Detrás han caído todos los imperios, alejados del contacto con lo sagrado. Es patente que la sociedad actual se encuentra en la cuerda floja, muy lejos de la naturaleza y de lo sagrado. Afortunadamente como ocurre con le ideograma chino para crisis que es sinónimo de oportunidad, nos induce a pensar que tan solo estamos en una época de grandes cambios y nuevas oportunidades. Espero de todo corazón que las enseñanzas de nuestros ancestros –nuestros hombres sabios– siga floreciendo para el gran cambio que se intuye y seamos testigos del nuevo ser humano que todos estamos destinados a ser.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

Soma, el dios-planta indoario

Soma, el dios-planta indoario

Los indoarios eran un pueblo antiguo que tenía su morada en una extensa región de Asia central. Alrededor del 2000 a.C. se dividieron en dos grupos distintos: el primero, el grupo de los indoarios, se desplazó al valle del Indo, mientras el segundo grupo constituiría los antiguos pueblos iraníes. Ambos grupos conservaron una magnífica literatura religiosa. Dichas escrituras sagradas son los libros del Rig Veda de los hidúes y el Avesta de los iraníes. Ambas obras describen rituales en los que se consumía una misteriosa planta que era considerada un dios: los hidúes lo denominaban Soma y los iraníes Haoma. El Rig Veda hindú contiene 1028 himnos pre-arios dedicados a treinta y tres deidades diferentes, entre las deidades de este complejo panteón destacan Indra, Soma, Agni y el dios Soma, símbolo de la embriaguez sagrada y considerado «el Pilar del Mundo». Concretamente todo el libro noveno del Rig Veda está dedicado a los himnos de Soma, donde se dice que este Soma es un dios que cura las terribles enfermedades que el hombre soporta, reconforta al triste, eleva el alma de la tierra al cielo haciendo que el hombre sienta a Dios en sus venas y entre en la luz:

«El hombre liberado a quien protegen Indra,
Brahmanaspati y Soma no perece jamás…»

Soma era un dios de naturaleza vegetal traído por Sandaharva, el águila celestial, a los mortales; al cual sacrificaban a fin de extraer su esencia sagrada y crear una bebida embriagante. El dios Soma representa la inmortalidad, la comida de sacrificio de la que se alimentan los dioses y los hombres que quieren ganar el cielo, ya que aquel que se alimenta del Soma se torna él mismo un dios, tal y como se expresa en uno de los versos del Rig Veda:

«Hemos bebido el soma
nos hemos tornado inmortales,
Alcanzando la luz,
hemos alcanzado a los dioses…»

Significativamente el dios Indra adquiría más poder al ingerir Soma. También el dios Agni era un gran consumidor de Soma, el «Agua de la Vida» que otorgaba la inmortalidad a todos los dioses, llamada también amrita o néctar: «Hemos bebido grandes tragos del brillante Soma, somos inmortales». Agni era el dios del fuego y al igual que Indra también regía sobre el rayo. Indra era un símil de Zeus que traía la lluvia a las tierras de pastos secas, era el dios de la fertilidad y se convirtió en el espíritu que fertiliza la semilla. Era un benefactor del hombre, artesano del universo, destructor de demonios y dragones. Su cielo se conoce como Swarga, y está situado en lo alto del monte Meru. A Indra se le conoce también como «el niño de oro», que se convierte en el rey de los tres mundos4. Es hijo de Pritthivi, la Madre Tierra, el principio femenino, que a veces está simbolizada por una vaca, y es considerada la fuente de toda la vegetación.  

 

Tres hipótesis de la identidad del soma

Si bien hoy en día se desconoce la identidad de la planta enteógena llamada Soma, Robert Gordon Wasson afirma en su obra Soma, The divine mushroom of inmortality que se trataba de un hongo, concretamente la amanita muscaria. Este hongo crece en las regiones norteñas en asociación con ciertas coníferas, como hayas, abedules y abetos, por lo que no es de extrañar que estos árboles precisamente sean nombrados por muchos pueblos como el Árbol Cósmico por el cual se asciende al mundo de los dioses. Sin embargo, otros investigadores como Terence McKenna sostienen que se trata más bien del hongo psilocybe, habida cuenta de que los suministros de amanita muscaria de los indoarios desaparecieron muy tempranamente en su historia, por lo que necesariamente tuvieron que utilizar otro enteógeno en la elaboración del Soma. Además, el culto a los hongos está estrechamente vinculado con el culto al ganado, ya que en sus excrementos crecen muy bien los hongos hongos psilocibios. También el culto al hongo está estrechamente relacionado con el culto a la Diosa Madre, que la vaca simboliza perfectamente y en cuyos excrementos es habitual ver crecer a los hongos psilocybos. Finalmente, David Flattery y Martin Shwartz proponen como tercer candidato para la identidad del Soma la peganum harmala o ruda siria, todavía utilizada entre los iraníes como embriagante extático. Aunque lo cierto es que esta hipótesis no es muy considerada entre la mayoría de los investigadores.  

 

Los nacidos del rayo

El Elohim primitivo que aparece en los textos bíblicos es el dios del rayo: símbolo del esclarecimiento espiritual, de la iluminación y expansión de la conciencia, del acceso repentino al mundo espiritual; pero si no se está preparado el rayo puede fulminar instantáneamente. Es el caso del rayo que fulmina a Semele, madre de Dionisos, incapaz de soportar la esplendorosa y cegadora visión del dios Zeus. En todas las mitologías el lugar donde una divinidad hiere con un rayo es considerado sagrado. El rayo simboliza la chispa de la vida y el poder fertilizante del cielo. En el libro del Antiguo Testamento (Éxodo 19, 16-18) cuando Dios se manifiesta aparece rodeado por el estruendo de los truenos y la luz de los relámpagos. En el Popol-Vuh, el libro sagrado de los mayas quitzés de Guatemala, el rayo y el relámpago constituyen la palabra de Dios; de manera similar, al dios védico Indra se le atribuye también el rayo, llamado vajra. Tanto en Grecia como en India o Centroamérica se consideraba a los hongos como nacidos del rayo –especialmente los que tienen propiedades enteógenas–. En algunas tradiciones, especialmente entre pueblos de Asia y Siberia, es el rayo el que designa al chamán, al «hombre de conocimiento». En la tradición quechua de los Andes se considera al alto mesayoq o chamán superior por haber sido alcanzado por un rayo en varias ocasiones. En mi opinión, creo que la identidad del Soma, a variado a lo largo de la historia, y que estos tres candidatos han podido ser perfectamente usados en diferentes regiones y en diferentes épocas. Creo por experiencia propia, que todos te llevan a alcanzar el estado de Indra –como estado extático de amor divino– que arrasa como un rayo o fuego celestial.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO
(Extracto del libro BOTÁNICA SAGRADA)

Plantas sagradas: Volver al origen

Plantas sagradas: Volver al origen

Una leyenda oriental relata cómo, hace unos 3.000 años, el yoga fue desarrollado por sabios en India precisamente por falta de soma, el néctar sagrado de los dioses: el dios-planta que aparece mencionado en los textos sagrados del Rig Veda hindú. El sabio hindú Pantajali describe en el libro IV de los Yoga sutras cómo la iluminación puede ser alcanzada por cinco vías, siendo una de ellas la vía de las plantas sagradas (aushadi).

Las plantas sagradas son consideradas una parte esencial del chamanismo y de muchas de las religiones antiguas. Son uno de los métodos más antiguos y universales para explorar las dimensiones que se encuentran más allá de la realidad ordinaria o cotidiana. A lo largo de la historia, fueron utilizadas como vía de conocimiento por muchas culturas y civilizaciones ancestrales, desde los aztecas, olmecas, mayas e incas hasta los minoicos, persas y griegos, entre tantos otros. Pero esta vía de conocimiento –la vía del chamanismo y el uso de las plantas sagradas– parecía tan solo formar parte de un pasado, lejano ya, de la humanidad. Sin embargo, a finales de los años sesenta, ocurrió un interesante fenómeno en occidente: un joven estudiante de antropología de la Universidad de California, publicó toda una reveladora filosofía de lo irracional llena de increíbles experiencias que mostraban una nueva comprensión del mundo y sus manifestaciones mediante técnicas chamánicas. Instruido durante más de una década por un brujo yaqui del norte de México llamado Don Juan Matus, el estudiante en cuestión era Carlos Castaneda, cuyos libros son el testimonio de cómo un antropólogo racionalista se convierte poco a poco en aprendiz de brujo.

El conocimiento que aporta el brujo Don Juan sobre el lado invisible del universo resultará tan fascinante y coherente a su aprendiz Castaneda que, tras un largo periodo de resistencia e incredulidad, acaba por deshacer sus barreras racionalistas para convertirse él mismo en brujo. Don Juan utiliza gran cantidad de técnicas para alterar la conciencia, incluido el uso de plantas sagradas –o plantas de poder, como solían denominarlas los brujos toltecas de los cuales Don Juan afirmaba descender–. Bajo la dirección del brujo yaqui, Castaneda experimenta en sus inicios con poderosas plantas visionarias como el cacto peyote, los hongos psilocybes y la datura estramonium. Paralelas en el tiempo, y corroborando en buena medida la descripción del mundo de los brujos que Don Juan mostrara a su discípulo, aparecieron también las investigaciones de otros pioneros –como el antropólogo Michael Harner, el etnobotánico Richard Evans-Schultes o el micólogo Robert Gordon Wasson–, que dieron a conocer el uso que de las plantas sagradas se hacía en otras culturas, afirmando en pleno siglo XX la vigencia del chamanismo como una extraordinaria vía de conocimiento.

Las plantas sagradas ayudan a expandir la conciencia

Según la exposición que Castaneda hace de la filosofía chamánica de los brujos toltecas, en la que fue instruido por su maestro Don Juan, el mundo que nosotros creemos que «está ahí» es sólo uno de tantos. Constituye una descripción de la relación entre objetos que hemos aprendido a reconocer como significativos desde que nacemos, y que además ha sido reforzada por el lenguaje y el intercambio de conceptos continuamente consensuados por todos los que nos rodean desde la más temprana infancia. Pero el mundo del chamán o el místico es un inmenso y continuo misterio que no puede únicamente ser abarcado por las categorías o esquemas racionales. Somos individuos más completos al poder experimentar el lado invisible de la realidad, esa realidad no ordinaria y que permanece oculta a nuestra cognición ordinaria. Los chamanes amplían su conciencia accediendo al inmenso y desconocido espacio interior humano. En esa vía de conocimiento, las plantas sagradas ayudan a iluminar y dar claridad a nuestra oscuridad. Esta expansión de la conciencia, revelación de lo invisible, nos ayuda a evolucionar como seres humanos.

Esta vía de conocimiento ha experimentado un resurgir en occidente. El estudio y empleo de las técnicas chamánicas y concretamente de las plantas sagradas ha ido en aumento, con todo lo que eso conlleva: la reconexión con lo sagrado, la unión con la naturaleza, la búsqueda del autoconcimineto, la sanación natural y la posibilidad de alcanzar una expansión de conciencia que nos facilita otras perspectivas para experimentar la realidad.

Desde la óptica del chamanismo, vivir la realidad de forma diferente significa experimentar el tiempo y el espacio cotidianos como una ilusión, un reflejo de una realidad mucho más amplia y llena de significado.

Ciertamente, cuando las plantas sagradas actúan, modifican nuestra conciencia, ampliando nuestras percepciones y propiciando que se manifieste nuestra parte oculta, e incluso nuestro nivel más profundo: el espíritu o esencia de nuestro verdadero Ser. Al experimentar la realidad no ordinaria, podemos experimentar el origen de los tiempos y reinterpretar también el sentido y propósito de la vida. Explorando nuevas dimensiones de la conciencia, exploramos de nuevo la creación misma y el prodigio del universo. El mundo presenta su verdadero orden y fluyendo con él nos «recordamos nosotros mismos» también. Sincronizados con el universo, nuestro mundo interior fluye armoniosamente con el mundo exterior.

Los chamanes son los que «recuerdan el origen», son los «hombres de conocimiento». Ellos son los depositarios de una sabiduría ancestral que a través de los mitos interpretan el mundo, tanto el visible como el invisible. Son los que mantienen los arquetipos vivos y los que nos guían y ayudan a volver al origen primordial.

Es en las mitologías de la mayoría de las culturas donde se encuentra codificado, desde tiempos inmemoriales, el significado de los arquetipos, que con su simbolismo actúan como señales e indicadores para poder traspasar las fronteras de la realidad cotidiana y no perdernos en los laberintos de lo desconocido.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO
(Extracto del libro BOTÁNICA SAGRADA)

La Alquimia Interior a través de las Plantas Sagradas

La Alquimia Interior a través de las Plantas Sagradas

Homero narra cómo los dioses, los héroes y sus caballos se alimentaban de ambrosía, el néctar de la inmortalidad. Su consumo era un privilegio exclusivo de los dioses. El mortal que se apoderara de ella, como ocurrió con Tántalo, sufriría el castigo de ser perpetuamente privado de ella. Sólo cuando los dioses lo desean pueden compartir su privilegio con los mortales y elevarlos a una condición sobrehumana. El dios griego Dionisos, divinidad de la vid, la embriaguez y el éxtasis, fue maldecido por los dioses por ofrecerles a los seres mortales sus virtudes extáticas y acercarles a la condición divina. A menudo, en los relatos mitológicos los frutos del Árbol Sagrado dan la inmortalidad o bien es a sus pies donde crecen los frutos de los que se extrae la ambrosía. Un extendido ejemplo lo constituye el hongo enteógeno amanita muscaria o agárico matamoscas, considerado como dador de la inmortalidad en el chamanismo siberiano y otros pueblos que lo consumían ritualmente.

En la antigua alquimia china se usaba la amanita muscaria mezclada con ginseng como elixir de la inmortalidad. La alquimia interior a través de las Plantas Sagradas, hace referencia a una forma de desarrollo espiritual en la que el propósito último no es abandonar toda conexión con el mundo físico y experimentar otros niveles de la realidad, sino que trata de construir un vehículo en el que la plenitud y grandeza del espíritu pueda experimentarse permanentemente, incluso mientras se vive en el mundo físico. De ahí que a estas plantas de uso milenario se les otorgue el apelativo de alimento de los dioses o de elixires de la inmortalidad Este cuerpo de inmortalidad (cuando lo divino se ha fusionado con lo terreno) se corresponde con lo que la tradición cristiana ha denominado cuerpo de gloria y con el merkabah de la tradición kabalista. Es semejante en muchos aspectos, sino idéntico, al lapis philosophorum o piedra filosofal de los alquimistas o al Grial, eje central la tradición esotérica y mística occidental y que ya deja entrever la importancia de la comunión como eje que une lo profano con lo sagrado.

 

ALQUIMIA, INMORTALIDAD Y DESARROLLO ESPIRITUAL

El desarrollo espiritual se ha descrito en infinidad de ocasiones como una lucha, y ciertamente se requiere de un esfuerzo y un profundo compromiso consigo mismo, pero la principal arma en esta paradójica lucha es fluir, rendirse al propio universo, rendirse al Gran Misterio, al Tao a la Fuente de toda la Creación. El buscador del espíritu es un guerrero espiritual que fluye en armonía con el Universo. Es el héroe que se deja llevar por su destino -sintonizado por la corriente universal-, así, de este modo el guerrero espiritual descubre su Ser Inmortal o la Totalidad de su Ser. Con esta perspectiva de transformación, no es apropiado batallar, luchar o forzar nada. De hacerlo así, se estaría operando desde el ego, esto es, desde dicha fracción de uno mismo con la que se defiende y analiza, esa estructura psíquica que no cesa de hablar en el interior de la cabeza en todo momento interfiriendo constantemente en el fluir del cosmos. Todos hemos sido condicionados desde muy temprana edad a hacerlo todo desde la mente egoica. Por lo tanto, si tratamos de “hacer” desde la forma de percepción habitual, es probable que permanezcamos atrapados en la mente discursiva, un nivel inadecuado para cualquier tipo de percepción fuera del espectro de la realidad ordinaria consensuada. Si dejamos de hacer (técnicas del no hacer en la filosofía tolteca enseñada por Carlos CastanedaWu Wei en el taoísmo) podremos adentrarnos en el momento presente, vivirlo en su totalidad, con la totalidad de nuestro ser. Estaremos completamente conscientes o lo que es lo mismo: simplemente Somos. Vivir al 100% en el aquí y ahora.

Permitámonos que lo que está escondido en las profundidades emerja y sea revelado a nuestra conciencia. No hagamos nada, dejemos que las cosas sucedan. Fluyamos con lo que surja en el momento, el universo nos está hablando, nos está guiando. En el mundo físico -el tonal-, cuando se desea algo hay que luchar para conseguirlo. Pero en los mundos sutiles del nagual, esa otra realidad mágica e invisible, todo está invertido, como si fuera el otro lado del espejo. Si se quiere algo, hay que dejar que llegue. Limitándonos a estar conscientes y confiar, todo sucederá. Las herramientas que nos brinda la naturaleza para nuestro desarrollo evolutivo son múltiples y muy variadas. Pero las Plantas Maestras o Aliadas, consideradas como sagradas en la mayoría de culturas y pueblos que las han usado, son sin duda alguna la más poderosa e intensa herramienta para la exploración de los mundos internos.

El sacramento de la Comunión, sólo adquiere sentido cuando se comulga con una sustancia que realmente nos capacita para conectar con lo divino, de ahí su nombre cada vez más generalizado de estas plantas: enteógeno, que significa revelador del dios interior. Entre estos catalizadores naturales de lo divino más conocidos encontramos la Ayahuasca, Teonánnacalt, Peyote, Amanita Muscaria, Salvia Divinorum, san Pedro, etc. Antiguamente solo los iniciados podían acceder a la comunión con plantas sagradas. Solo ellos conocían esta alquimia secreta. Tras la iniciación le seguían diversas técnicas de de meditación, respiración y ayunos que favorecían la integración y comprensión de las experiencias al comulgar con Plantas Sagradas.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO