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EL MAL VIAJE CON PSICOTRÓPICOS

Las sustancias enteógenas (psicotrópicas o psicodélicas) forman parte de uno de los métodos más antiguos y potentes para explorar el mundo de la psique. Utilizar ayahuasca, hongos psilocibes, peyote o LSD como tantas otras sustancias psicotrópicas, es sin duda, una de las experiencias de conciencia más interesantes, intensas y sanadoras a las que puede tener acceso un ser humano. Sin embargo, estas experiencias implican no sólo momentos de éxtasis y profundas revelaciones sino de encuentros con aspectos caóticos o dolorosos en nuestro interior de los que en muchas ocasiones parecen imposibles de superar. Estas experiencias se las denomina bad trIp (literalmente «mal viaje» en inglés). 

Tanto en el lenguaje popular como en entornos más especializados suele utilizarse el término «mal viaje» para definir un conjunto de síntomas psíquicos negativos o desagradables que pueden manifestarse durante una experiencia con psicotrópicos. Las manifestaciones de un mal viaje pueden variar muchísimo, desde sentir un estado de gran inquietud o ansiedad hasta experimentar profundos sentimientos de inmensa desolación, paranoia, tremenda angustia o un pánico absoluto. Tanto los chamanes como los especialistas en la terapia psicolítica y la terapia psicodélica no consideran que las experiencias desagradables sean necesariamente amenazantes o negativas, sino que hacen hincapié en su potencial de ser altamente beneficiosas para el usuario cuando son debidamente resueltas o integradas. Clínicamente, un mal viaje se considera una psicosis temporal o crisis psicodélica inducida por las drogas. 

 

QUÉ INFLUYE EN UN MAL VIAJE (BAD TRIP)

bad-tripPor lo general, el mal viaje no sólo es influencia del momento emocional y psicológica del usuario, sino también es debido a la ingesta de psicodélicos en lugares que aunque no lo parezcan y sean muy utilizados, como fiestas, raves o festivales de música, realmente pueden resultar muy problemáticos para poder vivir una experiencia realmente intensa y provechosa (al menos hablando en términos terapéuticos o espirituales). En realidad, el consumo de psicotrópicos requiere de un buen conocimiento de la dosis adecuada y la forma correcta de tomarlo y es responsabilidad de quien los consume informarse sobre los posibles efectos secundarios u otras eventualidades que se puedan producir durante la experiencia. Como en todo viaje, es bueno estar preparado y tener muy presente lo que se va ha hacer. La experiencia psicodélica es algo que no debe tomarse a la ligera y cuanto mayor se prepare más útil e instructiva resultará la experiencia. 
Para que esto sea así, hay que considerar lo que se conoce como el «set & setting» o sea, la preparación del viajero y el entorno en el que se realiza la experiencia psicodélica. Esto lo podemos conseguir aplicando los Cinco principios de reducción de daños. Estos cinco principios ayudan a minimizar daños o efectos adversos proporcionando seguridad y confianza: 1) Información, 2) Intención del viaje, 3) Estado de la persona,  4) El contexto adecuado y  5) La figura del guía o cuidador.

 

EL MIEDO COMO PRINCIPAL DESENCADENANTE DE MALOS VIAJES

Todos los miedos proceden del miedo ancestral que desencadena el instinto de supervivencia. Y aunque en el pasado este miedo nos fue muy útil para la supervivencia en el planeta, actualmente solo nos resulta útil en momentos muy puntuales. Este miedo se manifiesta según en qué momento de muy diferentes maneras y todas ellas pueden detonar un mal viaje con psicodélicos: 
   •  Miedo a la muerte
   •  Miedo a la locura
   •  Miedo a sentirse vulnerable
   •  Miedo a lo desconocido
   •  Miedo al dolor 
   • Miedo a perder el control

Estos miedos pueden desembocar en desorientación, ansiedad, paranoia, pánico, etc, pero al enfrentarnos a ellos comprenderemos que el miedo es el pasaje hacia la valentía y la trascendencia. El miedo hay que tomarlo como una bendición, ya que a través de él podemos avanzar y evolucionar en nuestro camino. Cuando se está dispuesto a experimentar el miedo, uno se convierte en un «guerrero del espíritu». Para atravesar el miedo se necesita fe. Esta fe es la confianza en el propio proceso que se ha iniciado, en el ser interior de cada uno, en el guía que acompaña, y también confianza en la inteligencia de la vida y la naturaleza. Cuando surgen dudas es porque hay algún tipo de análisis o juicio mental y esto mismo retroalimenta la desconfianza, el miedo y la incertidumbre.

La única alternativa para deshacerse del miedo es entrar en él, por muy intenso que sea. Cuidando el set y el setting es más fácil enfrentarse y atravesar el miedo. De esta forma se descubre que adentrarse en el miedo es un alivio, una inyección de coraje que ayudará cada vez más a adquirir fe y confianza en el proceso en el que uno se halla inmerso.

 

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO