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En 1909, Otto Rank, uno de los primeros discípulos de Sigmund Freud, publicó El mito del nacimiento del héroe, en dicha obra, Rank expuso la gran similitud que existe en muchas leyendas de héroes y fundadores de diferentes religiones en diferentes contextos históricos. Debido a que tales mitos independientes culturalmente entre sí tengan una gran similitud, constituye una estimulante muestra de su relación con verdades psicológicas universales. Constituyendo así los relatos mitológicos un magnífico despliegue simbólico de las cartografías de la psique.

Los mitos representan los mapas alegóricos del viaje heroico. El héroe es un peregrino y un guerrero que ha de aprender a adaptarse a lo desconocido en cada momento de su periplo. Este viaje puede estar dividido en varias etapas que sugieren diferentes niveles de transformación hacia la integridad del ser. El héroe en su aventura aprende y se transforma, transciende su condición anterior para convertirse en un ser más íntegro y completo. El héroe ha realizado un viaje de autodescubrimiento que le ha cambiado para siempre. El viaje propiamente dicho comienza con una señal o una casualidad que hace ponerse en marcha al héroe, empezar un viaje, un impulso irrefrenable de búsqueda.

En las narraciones mitológicas siempre aparecen obstáculos en el camino del héroe, un oscuridad que ha de ser iluminada, vencida con la claridad de la conciencia. Dicha oscuridad es simbolizada generalmente como una criatura monstruosa o terrible dragón. Pero al mismo tiempo aparecen señales, símbolos o claves como indicativos de cómo han de ser las cosas para adentrarse en lo desconocido venciendo todos los obstáculos y poder alcanzar la meta. Generalmente se trata de: descifrar un gran misterio, conseguir un tesoro, salvar a una princesa, llegar a una ciudad utópica, encontrar su verdadera identidad o regresar al hogar perdido.

 

El caos precosmogónico o el retorno al útero

En otras palabras, podemos decir que el héroe espiritual retorna al vientre de la madre, se disuelve en el profundo mar del inconsciente y luego sufre una agonía durante la cual cree que muere, pero eventualmente se da cuenta de que ha renacido. Jung sostiene que el encuentro con una parte más amplia de la conciencia conlleva siempre una derrota del ego. De hecho, a menudo amenaza con disolverlo.

El surgimiento de una voz o de una visión reveladora, producto de un estado alterado de conciencia, causa un gran impacto en el ego, siempre dependiente de la mente racional y el medio cultural en que se desenvuelve, produciendo una gran herida en la psique y alterando profundamente la forma de ver las cosas hasta ese momento. La persona se enfrenta así a un “caos psíquico” que le conecta con el “caos precosmogónico”: el estado informe e indescriptible que precede a toda cosmogonía.

El retorno simbólico al caos es indispensable para una nueva creación, para una nueva reorganización de la psique. Este caos psíquico es un acercamiento a la “locura”, es la transformación de la persona profana en un individuo con una nueva personalidad, más cercana y conectada con la profundidad del mundo espiritual. Habida cuenta de que todos nosotros vivimos con temor a la locura, la muerte y la enfermedad, son pocos los individuos que aceptan adentrarse por estos senderos -Quizás sean los chamanes de los pocos que se adentran en estos territorios para extraer de ellos sanación y sabiduría-. El caos psíquico nos sumerge en el lugar de dichos temores donde, tras la superación de los mismos, volveremos a nacer. Pero será éste un renacimiento que nos torne diferentes y más capacitados para desenvolvernos en el mundo, ya que experimentaremos entonces una profunda unión con uno mismo, más conectados a nuestros semejantes y todo cuanto nos rodea una vez atravesado el infernal caos.

Igualmente cierto es que la sociedad actual padece la enfermedad del caos, abarrotada de confusión y desórdenes profundos. Saturada de angustia, estrés y depresión por la inestabilidad laboral y salarial; anemia hídrica, cancelación de atención y tratamientos en hospitales públicos; esclerosis educacional, alcoholismo pandémico en legiones de adolescentes, amnesia de paz, insolidaridad frente a la indigencia de las pobreza y un sin fín de mareas caóticas más. Todos estos hechos, profundamente instalados en los escenarios cotidianos, nos muestran que todos somo héroes de nuestro tiempo, y que todo este caos es pura mitología cotidiana viva. Ineludiblemente todo lo que ocurre a nuestro alrededor es un reflejo de lo que hay en nuestra psique y que enfrentándonos con todo este caos conscientemente podremos alcanzar una mayor nivel de integridad, lucidez y desarrollo como seres humanos.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

 

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