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Gurús o maestros espirituales

Hoy en día se habla mucho de que ya no necesitamos gurús o maestros espirituales, y que cada uno es su propio maestro. Si bien es cierto que cada quien es responsable de su viaje espiritual, en ocasiones uno sabe perfectamente que necesita toda la guía o ayuda posible. En mi opinión, lo más recomendable es admitir con humildad los límites de nuestro conocimiento, y tener fe en fuentes más sabias que nosotros y permanecer abiertos a la sabiduría de tradiciones ancestrales que han pasado la prueba del tiempo.
Ocurre en ocasiones que la rebeldía contra las convenciones puede motivar a algunos de los que toman un enteógeno a no hacerlo bajo el cuidado de una persona experta, lo cual puede enturbiar y distorsionar la experiencia. Por eso tomar plantas sagradas en un contexto lúdico o escapando de la realidad suele ser equivalente a quedarse en estadios superficiales, sin permitir que actúe realmente todo el potencial que el enteógeno puede ofrecer a cada persona. Esto se traduce muy a menudo en que cualquier atisbo de sanación o transformación resulta muy pobre o no llega a producirse nunca.

 

Los gurús y chamanes como portadores de la sabiduría ancestral

Si el contexto y la preparación no se han cuidado es muy posible experimentar la odisea del típico «mal viaje». Desde tiempos ancestrales las diferentes tradiciones han realizado un exclusivo uso ritual de las plantas enteógenas, por lo que no se han encontrado casos de sobredosis, adicciones u otras patologías derivadas de un uso inadecuado de los enteógenos. Tú eres el piloto y el navegante de tu camino espiritual, y sólo tú puedes decidir si debes pedir consejo, dónde debes buscarlo y si te conviene seguirlo o no. Sólo tú puedes interpretar las señales sagradas y salvar sus aparentes contradicciones. Sólo tú puedes decidir cómo encaja la sabiduría ancestral en tus circunstancias. Tú eres el que acaba decidiendo, y la principal brújula es tu propio sentido de la verdad. En el sendero espiritual no existe la «vía única».
Es cierto que para algunos buscadores la estricta obediencia a un maestro o a una institución espiritual constituye el mejor camino y el más adecuado. Pero incluso ellos deben determinar por sí mismos los términos exactos de su condición de discípulos. Ellos y sólo ellos pueden decidir cómo aplicar a sus vidas las enseñanzas de la fe que profesan y dónde establecer el límite de su entrega.

Ahí está el punto de equilibrio: ¿puedes cogerte de la mano de los guías sin perder de vista quién eres en realidad? ¿Puedes aceptar que hay muchas cosas que no sabes y, al mismo tiempo, admitir la verdad igualmente desalentadora de que cada decisión recaerá en ti, te sientas o no cualificado para ello? ¿Puedes conservar tu poder sin volverte arrogante, engañarte o desconectarte de fuentes de mayor sabiduría? Las respuestas obviamente están en tu interior.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO