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Una leyenda oriental relata cómo, hace unos 3.000 años, el yoga fue desarrollado por sabios en India precisamente por falta de soma, el néctar sagrado de los dioses: el dios-planta que aparece mencionado en los textos sagrados del Rig Veda hindú. El sabio hindú Pantajali describe en el libro IV de los Yoga sutras cómo la iluminación puede ser alcanzada por cinco vías, siendo una de ellas la vía de las plantas sagradas (aushadi).

Las plantas sagradas son consideradas una parte esencial del chamanismo y de muchas de las religiones antiguas. Son uno de los métodos más antiguos y universales para explorar las dimensiones que se encuentran más allá de la realidad ordinaria o cotidiana. A lo largo de la historia, fueron utilizadas como vía de conocimiento por muchas culturas y civilizaciones ancestrales, desde los aztecas, olmecas, mayas e incas hasta los minoicos, persas y griegos, entre tantos otros. Pero esta vía de conocimiento –la vía del chamanismo y el uso de las plantas sagradas– parecía tan solo formar parte de un pasado, lejano ya, de la humanidad. Sin embargo, a finales de los años sesenta, ocurrió un interesante fenómeno en occidente: un joven estudiante de antropología de la Universidad de California, publicó toda una reveladora filosofía de lo irracional llena de increíbles experiencias que mostraban una nueva comprensión del mundo y sus manifestaciones mediante técnicas chamánicas. Instruido durante más de una década por un brujo yaqui del norte de México llamado Don Juan Matus, el estudiante en cuestión era Carlos Castaneda, cuyos libros son el testimonio de cómo un antropólogo racionalista se convierte poco a poco en aprendiz de brujo.

El conocimiento que aporta el brujo Don Juan sobre el lado invisible del universo resultará tan fascinante y coherente a su aprendiz Castaneda que, tras un largo periodo de resistencia e incredulidad, acaba por deshacer sus barreras racionalistas para convertirse él mismo en brujo. Don Juan utiliza gran cantidad de técnicas para alterar la conciencia, incluido el uso de plantas sagradas –o plantas de poder, como solían denominarlas los brujos toltecas de los cuales Don Juan afirmaba descender–. Bajo la dirección del brujo yaqui, Castaneda experimenta en sus inicios con poderosas plantas visionarias como el cacto peyote, los hongos psilocybes y la datura estramonium. Paralelas en el tiempo, y corroborando en buena medida la descripción del mundo de los brujos que Don Juan mostrara a su discípulo, aparecieron también las investigaciones de otros pioneros –como el antropólogo Michael Harner, el etnobotánico Richard Evans-Schultes o el micólogo Robert Gordon Wasson–, que dieron a conocer el uso que de las plantas sagradas se hacía en otras culturas, afirmando en pleno siglo XX la vigencia del chamanismo como una extraordinaria vía de conocimiento.

Las plantas sagradas ayudan a expandir la conciencia

Según la exposición que Castaneda hace de la filosofía chamánica de los brujos toltecas, en la que fue instruido por su maestro Don Juan, el mundo que nosotros creemos que «está ahí» es sólo uno de tantos. Constituye una descripción de la relación entre objetos que hemos aprendido a reconocer como significativos desde que nacemos, y que además ha sido reforzada por el lenguaje y el intercambio de conceptos continuamente consensuados por todos los que nos rodean desde la más temprana infancia. Pero el mundo del chamán o el místico es un inmenso y continuo misterio que no puede únicamente ser abarcado por las categorías o esquemas racionales. Somos individuos más completos al poder experimentar el lado invisible de la realidad, esa realidad no ordinaria y que permanece oculta a nuestra cognición ordinaria. Los chamanes amplían su conciencia accediendo al inmenso y desconocido espacio interior humano. En esa vía de conocimiento, las plantas sagradas ayudan a iluminar y dar claridad a nuestra oscuridad. Esta expansión de la conciencia, revelación de lo invisible, nos ayuda a evolucionar como seres humanos.

Esta vía de conocimiento ha experimentado un resurgir en occidente. El estudio y empleo de las técnicas chamánicas y concretamente de las plantas sagradas ha ido en aumento, con todo lo que eso conlleva: la reconexión con lo sagrado, la unión con la naturaleza, la búsqueda del autoconcimineto, la sanación natural y la posibilidad de alcanzar una expansión de conciencia que nos facilita otras perspectivas para experimentar la realidad.

Desde la óptica del chamanismo, vivir la realidad de forma diferente significa experimentar el tiempo y el espacio cotidianos como una ilusión, un reflejo de una realidad mucho más amplia y llena de significado.

Ciertamente, cuando las plantas sagradas actúan, modifican nuestra conciencia, ampliando nuestras percepciones y propiciando que se manifieste nuestra parte oculta, e incluso nuestro nivel más profundo: el espíritu o esencia de nuestro verdadero Ser. Al experimentar la realidad no ordinaria, podemos experimentar el origen de los tiempos y reinterpretar también el sentido y propósito de la vida. Explorando nuevas dimensiones de la conciencia, exploramos de nuevo la creación misma y el prodigio del universo. El mundo presenta su verdadero orden y fluyendo con él nos «recordamos nosotros mismos» también. Sincronizados con el universo, nuestro mundo interior fluye armoniosamente con el mundo exterior.

Los chamanes son los que «recuerdan el origen», son los «hombres de conocimiento». Ellos son los depositarios de una sabiduría ancestral que a través de los mitos interpretan el mundo, tanto el visible como el invisible. Son los que mantienen los arquetipos vivos y los que nos guían y ayudan a volver al origen primordial.

Es en las mitologías de la mayoría de las culturas donde se encuentra codificado, desde tiempos inmemoriales, el significado de los arquetipos, que con su simbolismo actúan como señales e indicadores para poder traspasar las fronteras de la realidad cotidiana y no perdernos en los laberintos de lo desconocido.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO
(Extracto del libro BOTÁNICA SAGRADA)