Seleccionar página
Stanislav Grof y la comprensión del mundo interior

Stanislav Grof y la comprensión del mundo interior

En la actualidad una de las mejores aproximaciones a los mapas interiores la encontramos en los trabajos del psiquiatra e investigador checo Stanislav Grof. En sus obras Grof expone los resultados de sus estudios con LSD y propone el modelo de la conciencia humana que configura, tras analizar los expedientes y archivos de cuatro mil experiencias, tanto suyas como de sus pacientes, recopilados durante cerca de veinte años de investigación. Grof fue uno de los primeros psiquiatras que se adentró en la comprensión interna de la enfermedad de sus pacientes mediante la experiencia de «psicosis temporales» autoinducidas con LSD. Años después, este investigador sería cofundador de la Psicología Transpersonal junto con Alan Watts y otros investigadores del Essalen Institute de California.

En un principio, el gran obstáculo de la investigación de Grof fue la imposibilidad de establecer una observación adecuada del fenómeno de las psicosis en el contexto de una sesión psicoterapéutica, al carecer de un marco teórico de referencia en el cual encuadrarlas, dado que la propia intensidad de las manifestaciones psicológicas y emocionales de los estados autoinducidos por la LSD le resultaba amedrentadora, pues muchos de sus aspectos amenazaban con socavar su propia visión del mundo. Sin embargo, a medida que aumentó su experiencia y familiaridad con dichos estados, se le hizo evidente que eran manifestaciones naturales de la psique humana. La principal conclusión que Grof extrajo de sus protocolos experimentales fue la de que, cuando a dichas experiencias se les permitía seguir su curso natural, los resultados terapéuticos trascendían todo lo visto hasta entonces puesto que, síntomas complejos que habían resistido meses e incluso años de tratamiento convencional, a veces desaparecían tras experiencias que los pacientes describían como recuerdos de vidas anteriores, sensaciones de unión cósmica o secuencias de muerte y renacimiento internas.


Las tres categorías de Grof: Un nuevo modelo de la conciencia

Las primeras cartografías de Grof estaban basadas en sus propias experiencias con LSD y las de sus pacientes; posteriormente, cuando la LSD fue declarada ilegal, desarrolló una técnica de exploración de los espacios psíquicos que denominó como Respiración Holotrópica®. Pese a que en un principio la gama de experiencias o estados no ordinarios de conciencia presenta un espectro muy amplio, Grof estableció una clasificación en tres categorías básicas, postulando así un mapa útil del viaje interior.

La primera categoría corresponde a las experiencias biográficas, en las cuales se presentan a la conciencia temas emocionales no sanados del pasado del individuo, recuerdos de la infancia, adolescencia o situaciones de la vida en general. Esta categoría corresponde al nivel del inconsciente personal del individuo y ha sido ampliamente estudiada por la psicología y psiquiatría.

La segunda categoría, aunque también corresponde a un nivel del inconsciente personal del individuo, encuadra contenidos todavía más profundos, correspondientes a las experiencias perinatales. Éste profundo nivel del inconsciente, al que todavía no se le otorga un reconocimiento pleno dentro de las disciplinas de la ciencia actual, se remonta a los recuerdos de vida intrauterina y del nacimiento de la persona. Grof subdivide este nivel en cuatro grados diferentes que denomina Matrices Perinateles Básicas.

La tercera categoría no es contemplada en absoluto por la ciencia actual, e incluso la aparición de algún elemento de este nivel se considera erróneamente simplemente como patológico. Esta categoría representa el nivel de las experiencias transpersonales. Como su propio nombre indica, éstas son experiencias donde se «transciende lo personal» yendo más allá de las fronteras del ego y del cuerpo. Se experimenta el nivel del inconsciente colectivo e incluso niveles del Ser todavía más profundos con un caracter marcadamente espiritual. Estas experiencias pueden ser muy variadas pero fundamentalmente están marcadas por la trascendencia de las barreras del espacio-tiempo y de la realidad objetiva.

La filosofía perenne y la comprensión de la realidad

El mapa propuesto por Grof nos permite, en primer lugar, situar nuestras experiencias en términos de contenidos; pero además, los resultados de sus investigaciones, que han sido corroboradas por las conclusiones de otros profesionales también, nos ayudan a comprender mejor las experiencias de tipo transpersonal a pesar de lo inusual, increíble, fantástica o extravagante que nos pueda parecer una experiencia de trance, y saber con certeza que no estamos alucinando meramente, en el sentido peyorativo del término, o perdiendo la razón, sino más bien inmersos en algún tipo de proceso psicológico profundo.

No obstante, Grof reconoce con sinceridad que la novedad de su cartografía de la psique lo era tan solo relativamente, dado que tras completar un mapa de la conciencia que incluía los distintos tipos y niveles de las experiencias que había observado en las sesiones psiquedélicas, cayó en la cuenta de que aquello resultaba nuevo sólo desde la perspectiva de la psiquiatría académica occidental. Era evidente que Grof había descubierto lo que Aldous Huxley denomina la «filosofía perenne»: una comprensión del Universo y de la existencia que había surgido, con pequeñas variantes, una y otra vez en distintas culturas y periodos históricos. Cartografías de la conciencia similares se conocían en diversas culturas desde hacía siglos e incluso milenios en los distintos sistemas de yoga, el vajrayana tibetano, el shivaísmo de Kashmir, el taoísmo, el sufísmo o la kábalah.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

La máscara, un baile de apariencias y autoengaños

La máscara, un baile de apariencias y autoengaños

Ocultarse es de las primeras reacciones del hombre ante las faltas cometidas y cuyo origen se encuentra en el miedo a ser descubiertos y juzgados. Ya el mito del Génesis, nos muestra cómo en el principio del ser humano surge el impulso a ocultarse, cuando Adán y Eva se cubrieron tras una hoja de parra al sentir vergüenza al descubrir que estaban desnudos ante Dios. Detrás de una «máscara» encontramos un común denominador: El miedo. Usamos máscaras por miedo a ser reprobados, miedo a ser criticados, miedo a no obtener la aprobación de los demás, miedo a expresarnos, miedo a hacer el ridículo, miedo a que nos conozcan tal y como somos en realidad. Muchas personas usan una máscara de frialdad e indiferencia, por miedo a parecer vulnerables frente a los demás. Otros usan la máscara del bufón como una manera de evitar los compromisos. Así, tenemos infinidad de tipos de máscaras y la mayoría son producto de la sociedad en que nos hemos educado.

La máscara tiene mil caras. Siendo todo aquello que oculta nuestra verdadera forma de ser tanto a los demás como a nosotros mismos.  Es el conjunto de autoengaños, justificaciones, mentiras, que nos decimos a nosotros mismos para no ver la realidad de las cosas. También la máscara es el conjunto de actitudes, que proyectamos a los demás y que ocultan nuestra verdadera forma de ser. Con el tiempo esa máscara pasa a reemplazar nuestra verdadera personalidad y vamos por la vida percibiendo la apariencia de las cosas sin conectar, conocer o intimar con nada de lo que nos rodea.

La máscara es una adecuación que nos permite relacionarnos con los demás con cierto grado de seguridad. O sea que, a través de las máscaras, podemos comunicarnos o podemos controlar la comunicación proporcionándonos una falsa seguridad.  Lo cierto es que nos resistimos a quitárnoslas aun cuando sentimos que sería bueno hacerlo. Protegidos por ellas, podemos vivir en un continuo aislamiento emocional ya que nos da miedo la intimidad. Sentimos un miedo atroz a mostrar nuestro lado vulnerable y más profundo –nuestra sombra psicológica–. Por lo tanto, evitamos comunicarnos íntimamente, evitamos el contacto real. La máscara nos protege y crea una distancia con los demás. Al final, toda la vida se reduce a un baile de máscaras, a un ir y venir de personas que no se tocan, nos se comunican, un desfile de seres humanos que realmente no se conocen.

 

La máscara y el autoengaño de la seguridad

Estamos tan atrapados en las máscaras que en el arte, el cine y la literatura hemos creados infinidad de héroes y villanos que ocultan su identidad tras una máscara: El zorro, Spiderman, Batman, Ironman, Darth Vader, o la máscara de hockey de Jason de la película Viernes 13 por poner sólo unos pocos ejemplos. Estamos tan identificados con la máscara que creamos fiestas y eventos para escondernos y desinhibirnos tras la seguridad de otras máscaras como Halloween o Carnaval. Quizás uno de los mejores ejemplos sea el que aparece en el relato corto de Edgar Allan Poe La máscara de la Muerte Roja que está basado en un baile de máscaras en el cual el personaje central resulta ser su propio disfraz.

 

La ansiedad, el impulso a dejar de fingir

La máscara nace como un mecanismo de defensa psicológico debido a que no queremos ver la realidad de las cosas, no queremos mostrar la realidad de lo que somos, así que sencillamente nos ocultamos con una apariencia.  Es una reacción de la no aceptación del presente, tanto exterior como interior. Muchas veces suceden cosas que son nuestra responsabilidad, pero que no queremos enfrentar, así que como siempre, tomamos el camino más fácil y nos mentimos a nosotros mismos y participamos en un inmenso teatro colectivo de zombies socialmente aceptados.

Pero ocurre que con el tiempo la presión interior –todo lo que no hemos querido ver o sentir– es demasiado grande y emerge con gran fuerza alterando nuestra aparente estabilidad y es cuando sentimos ansiedad. Llega un momento en que las máscaras se desmoronan por la presión, y la ansiedad se convierte en algo indeseable e incómodo que las máscaras no pueden ocultar. Y es cuando se recurre al profesional de bata blanca que a base de química nos ofrece una capa de barniz para seguir usando máscaras más gruesas y resistentes. Así, usamos más capas y capas de barniz que no solo nos separan de los demás, sino de nosotros mismos.

Hoy en día se dice que vivimos en la era de la ansiedad, y esto ocurre porque la propia vida –nuestra capacidad evolutiva– se abre paso empujándonos a ser seres más auténticos. Es el momento de desprendernos de las máscaras, los caparazones, las armaduras, los antifaces, las caretas, los disfraces y los maquillajes tras los que nos escondemos y vivir con plena libertad y dejar de cargar con la culpa, la vergüenza o el miedo que nos mantienen atrapados en un nebuloso baile de máscaras.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

 

 

Enfrentar la sombra psicológica: Lo que reprime el ego.

Enfrentar la sombra psicológica: Lo que reprime el ego.

Para un perfecto desarrollo psicoespiritual del ser humano se debe enfrentar la sombra psicológica. La sombra psicológica es el lado opuesto de la imagen que mostramos al mundo, es nuestro extremo oculto y está constituida por lo que no ha entrado en la conciencia de forma adecuada. Todo aquello que asimilamos subliminalmente, rechazamos o reprimimos puede ser la base que forme nuestra sombra, aunque no siempre es todo lo que consideramos como malo o negativo lo que en ella se deposita. Al no ser percibida por el ego consciente, la sombra es considerada como algo ajeno a la persona y cuando aparece en nuestros sueños, pensamientos o reflejada en la vida cotidiana nos provoca una intensa reacción. Como observó C. G. Jung, cuando emerge la sombra en la consciencia se convierte en algo espantoso y un miedo atávico se apodera de la mente por sorpresa.

En la sombra existe también una gran cantidad de cualidades positivas, pero éstas permanecen escondidas para nuestro ego controlador. Generalmente ocurre que, cuanto más virtuoso quiere ser nuestro ego, mayor sombra almacena en su interior volviéndose en consecuencia más extremados los polos contenidos en la psique. Rechazar o ignorar nuestro lado oscuro, en realidad implica alimentarlo desmesuradamente. El mal humor, la depresión, la ansiedad, las adicciones, el pesimismo o la ira son manifestaciones de la sombra que emerge hacia el mundo exterior. Para no tener que asumir la responsabilidad sobre ella, en la mayoría de las ocasiones la sombra es proyectada sobre algo o alguien del mundo exterior, dado que nos resulta más fácil y cómodo proyectar externamente que integrar internamente.

 

La sombra relegada en el inconciente

Cada vez que accedamos al inconsciente nos encontraremos con el polo opuesto de algún aspecto nuestro que el ego experimenta con gran intensidad en forma de una confrontación, una herida, una pérdida o incluso una muerte. Nuestro petrificado ego se resiste siempre a los cambios, a abandonar su posición fija para integrar dinámicamente el polo opuesto correspondiente, encontrando siempre resistencias y motivos para no seguir hacia delante y fluir en una continua evolución de la conciencia. El ego prefiere la seguridad de lo que conoce a la asimilación de lo desconocido; pero el hecho es que si no cambiamos no crecemos. Fluir armoniosamente sincronizados con el universo nos dota de un «sentido de la vida» que avanza en una dirección concreta y permite evolucionar hacia la totalidad del ser. Cuando nos desviamos de dicha dirección perdemos el sentido de la vida, y la sombra aparece como un terrorífico pozo o el indeseable monstruo que nos obliga a reorientarnos. Esta falta de orientación o sentido en la vida juega un papel fundamental en las neurosis, que Jung define como «el sufrimiento de un alma que no ha descubierto su sentido».

El hecho es que desde lo más profundo del inconsciente nuestras fuerzas arquetípicas nos empujan constantemente al cambio, y si nos resistimos, sufriremos. Adentrarnos en ese mundo inconsciente aparentemente oscuro y desconocido es avanzar hacia la luz en pos del equilibrio y la armonía total. Pero antes de alcanzar los aspectos más luminosos es necesario enfrentarse a los aspectos más oscuros de nuestro interior que configuran la sombra, y eso es algo que nos causa un gran terror; no en vano, este oscuro mundo interior se encuentra más allá de nuestra comprensión racional.

 

La sombra, mensajera de la luz

La realidad se presenta como una paradoja constante donde confluyen todas las polaridades posibles; la vida en ese sentido no es blanca ni negra, buena ni mala, sino la interacción simultánea de todos los elementos donde la unión de los polos opuestos, la paradoja, es el aspecto creativo que hace que el universo fluya y exista eternamente.

La integración de la sombra es pues una paradoja, la correcta integración del monstruo o dragón que habita en cada uno de nosotros es un acto creativo que nos empuja a crecer y nos invita a dar un paso hacia la luz del espíritu. Desde este punto de vista podemos ver que la sombra se convierte en portadora de la luz, es el terrible dragón que guarda un tesoro oculto: la respuesta a la eterna incógnita de quiénes somos realmente y de dónde venimos.

La confrontación con nuestra sombra es una necesidad humana que se ha visto reflejada en los mitos y leyendas de todos los pueblos y culturas de todas las épocas. Todo cambio hacia una evolución empieza en las oscuras y desconocidas profundidades de la psique y las diferentes mitologías son representaciones simbólicas o alegóricas de las fases y niveles del camino evolutivo.
Es entonces cuando comprendemos mejor el mito de Lucifer, el Ángel caído, que, como su nombre indica, es el portador de la luz (Luz-Bel). Las experiencias místicas, el éxtasis o el trance constituyen estados paradójicos de la conciencia, oportunidades para experimentar la evolución y sincronizarnos con la vida en su continua expansión en el universo, una ocasión única para conocer y reintegrar la sombra que, al fin y al cabo, es también un producto de la luz.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

 

 

El dolor, puerta a la libertad

El dolor, puerta a la libertad

Uno de los requisitos esenciales para el crecimiento espiritual y la transformación personal profunda es hacer las paces con el dolor. El dolor es una parte inherente de la vida. Sin dolor no hay indicativos de cambio de rumbo o de avance.

 

El dolor es algo natural

Lo que no es natural es el sufrimiento que es un producto de la mente que lo quiere controlar y poseerlo todo. Ningún proceso evolutivo o de crecimiento pueden producirse sin que haya cambios o fluctuaciones, y los periodos de cambio no siempre son agradables. A menudo, salir de nuestra zona de confort lo percibimos como una experiencia dolorosa. El cambio y la incertidumbre exigen poner en duda lo que nos es conocido y atrevernos a cuestionar nuestras necesidades habituales de seguridad y control y avanzar a territorios desconocidos hasta ese momento.

Familiarizarte con este dolor forma parte de tu crecimiento. Aunque es posible que no te gusten las sensaciones de agitación interna, si quieres saber de dónde vienen debes ser capaz de serenarte por dentro y afrontarlas. Cuando puedas afrontar tú caos interior te darás cuenta de que hay una capa de dolor profundamente arraigada en el núcleo de tu ser, en el ámbito transpersonal. Este dolor es tan incómodo y tan aterrador para el yo individual que te pasas la vida evitándolo. Toda tu personalidad –el ego– está constituida por formas de de pensar y de de actuar que fueron desarrolladas para evitar ese dolor.

 

Como la evitación del dolor te impide explorar la parte de tu ser que está más allá de ese nivel

El verdadero crecimiento se produce cuando finalmente decides lidiar con el dolor. El dolor interno siempre está allí, por debajo, en el inconsciente, oculto por capas de pensamientos y emociones. Queremos mantener todo bajo control y cuando el mundo no satisface nuestras expectativas sentimos un dolor interno –psicológico– que nos altera.

Eckhart Tolle en su libro Un mundo nuevo ahora, expone como la psique humana está construida en torno a la evitación de este dolor y, por tanto, su fundamento es el miedo al dolor. Si haces algo para evitar el dolor, el dolor dirigirá tu vida. Tus miedos afectarán a tus pensamientos y sentimientos y tu sensación de control será una mera ilusión. Tienes este núcleo de dolor en lo profundo de tu corazón. Por eso sientes tantos altibajos a lo largo del día.  Tus rasgos de personalidad y tus pautas de conducta están estructurados en torno a la evitación de este profundo dolor. Cada vez que haces algo para evitar el dolor, ese algo se convierte en un detonador de dolor que estás evitando.

 

La evitación del dolor se convierte en una puerta para el dolor mismo

El ego se identifica con lo que se tiene, pero la satisfacción que se obtiene es relativamente efímera y de corta duración produciendo insatisfacción y dolor. Si tus acciones están vinculadas a la evitación del dolor, sentirás esa presión en tu corazón.

Cuando mires dentro y empieces a apropiarte de este proceso verás que vuelves a las dos opciones fundamentales. Una opción es dejar el dolor dentro y continuar luchando con el mundo exterior. La otra opción es decidir que no quieres pasarte la vida evitando el dolor interno; prefieres librarte de él. Poca gente se atreve a dirigir el proceso hacia dentro de esta manera. Pero en la elección está nuestro verdadero poder. La mayoría ni siquiera se dan cuenta de que van por ahí con enormes maletas de dolor interno que aún no han resuelto. Muchas personas buscan vías de de desarrollo psicológico y espiritual evitando sentir el dolor. Pero la realidad es que no hay fórmulas light de desarrollo si uno no se enfrenta al dolor que envuelve su corazón.  ¿Quieres realmente llevar eso dentro y tener que manipular el mundo para evitar sentirlo? ¿Cómo sería tu vida si no estuviera dirigida por ese dolor? Serías libre. Podrías caminar por este mundo completamente libre, disfrutando con plenitud y sintiéndote cómodo con cualquier cosa que te ocurra.

 

Aprender a no tener miedo del dolor

Mientras tengas miedo del dolor, intentarás protegerte de él. El miedo te inducirá a hacerlo. Si quieres ser libre, considera el dolor interno como un cambio temporal de tu flujo energético. No hay razón para temer esta experiencia. No debes tener miedo alguno a que algo vaya mal. No puedes pasarte la vida evitando cosas que no están ocurriendo en la realidad porque si lo haces acabarás viendo únicamente todo lo que podría ir mal. ¿Tienes idea de todas las cosas que pueden causarte dolor interno? Si quieres crecer y sentirte libre de explorar la existencia, no puedes pasarte la vida evitando la miríada de cosas que podrían herir tu corazón.

Tienes que mirar dentro de ti y tomar la decisión de que, a partir de ahora, el dolor no será un problema. Simplemente será una cosa más de las que hay en el universo. Alguien puede decirte o hacerte algo que te haga reaccionar e incendie tu corazón, pero después se pasa. Es una experiencia temporal. La mayoría de la gente apenas puede imaginarse lo que sería estar en paz con el caos interior. Pero si no aprendes a estar cómodo con el dolor dedicarás tu vida a evitarlo. La inseguridad que puedas sentir es sólo una sensación. Es una cosa del universo que está pasando por tu sistema en un momento puntual. No le des más importancia y diviértete con ella, pero no le tengas miedo. No puede dañarte a menos que tú lo permitas. El célebre psiquiatra suizo Carl Gustav Jung decía que todo lo que solucionemos en nuestro interior no se manifestará en el exterior.

 

Cuando sientas dolor, simplemente contémplalo como energía

Empieza a ver estas experiencias internas como una energía que atraviesa tu corazón y pasa delante del ojo de tu conciencia. Después relájate. Haz lo contrario de contraerte y cerrarte. Relájate y suelta. Mantente abierto y receptivo en tu corazón hasta que estés realmente cara a cara en el lugar exacto donde duele. Debes estar dispuesto a mantenerte presente justo en el lugar del dolor, y después relajarte, se puede ir todavía más al fondo. Se trata de un crecimiento y una transformación muy profundos. Pero si sientes resistencia a hacerlo hará que el dolor parezca muy poderoso. A medida que te relajes y sientas la resistencia, el corazón querrá retraerse, cerrarse, protegerse y defenderse. Sigue relajándote y suelta, deja sitio para que el dolor te atraviese. Sólo es energía. Simplemente contémplalo como energía y suéltalo.

Si te cierras en torno al dolor e impides que te atraviese, se quedará en ti. Por eso nuestra tendencia a resistirnos es tan contraproducente. Si sueltas y dejas que la energía te atraviese, entonces se irá. Si te relajas cuando la energía surja dentro de tu corazón y te atreves a afrontarla, pasará. Cada vez que te relajas y sueltas, una parte del dolor se va para siempre. Sin embargo, cada vez que te resistes y te cierras, acumulas el dolor dentro. Entonces estás obligado a usar la psique para crear una capa de distancia entre quien experimenta el dolor y el dolor mismo. Eso es todo el ruido que hay dentro de tu mente: un intento de evitar el dolor almacenado.

Si quieres ser libre, primero tienes que aceptar que hay dolor en tu corazón. Tú lo has almacenado allí. Y has hecho todo lo que se te ha ocurrido para mantenerlo allí, en lo más profundo, para no volver a sentirlo. Hay una tremenda alegría, belleza, amor y paz dentro de ti. Pero están al otro lado del dolor. Al otro lado del dolor está el éxtasis. Al otro lado está la libertad. Tu verdadera grandeza se esconde al otro lado de esa capa de dolor. Tienes que estar dispuesto a aceptar el dolor para pasar al otro lado. Simplemente acepta que está allí y que vas a sentirlo.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

La experiencia de trance o viaje hacia uno mismo

La experiencia de trance o viaje hacia uno mismo

Éxtasis o trance chamánico

Las técnicas que nos inducen al trance suelen favorecer la trascendencia momentánea de la visión dual del ego, alterando nuestras percepciones y modificando la conciencia hacia otros niveles más profundos y sutiles. Con el trance chamánico rompemos la frontera entre lo tangible y lo intangible, entre lo profano y lo divino. La alteración del estado ordinario de conciencia constituye la esencia del trance o éxtasis, dependiendo del nivel de profundidad y disolución del ego que se alcance en la experiencia. La palabra «trance» proviene del francés transe, de transir, y ésta, a su vez, del latín transire, que significa «pasar de un lugar a otro.” Y la palabra «éxtasis» procede del término griego ektasis, que significa “desplazarse, alejarse de los sentidos”.

Por lo tanto, podemos considerar al trance y al éxtasis como el paso de un estado ordinario de la conciencia a otro diferente. Resultando una incursión en lo desconocido  y oculto de la naturaleza –tanto en el mundo interno como externo–, pudiendo alcanzar los más profundos y sutiles niveles de lo sagrado o numinoso conocidos como trance extático o éxtasis místico. Michael Harner, en su clásico libro Alucinógenos y chamanismo, define como uno de los aspectos más típicos de la experiencia chamánica el cambio a otro estado de conciencia: el trance, durante el cual el chamán siente como si hubiera emprendido un viaje.

Por medio del trance se descubre un mundo diferente, que no es ni privado ni limitado, sino transpersonal y lleno de significado: un mundo extraordinario y sagrado. A través del trance uno se desliga del tiempo ordinario y discursivo y accede al Gran Tiempo, el tiempo de los orígenes, considerado por las tradiciones como sagrado. Toda incursión o manifestación de lo sagrado es una hierofanía, como son las experiencias de carácter extático o místico.

Al trance debemos considerarlo como un despertar a otro nivel de la realidad, es una ampliación de la conciencia o, dicho de otro modo, un enfoque o desplazamiento focal de la conciencia. Será nuestra preparación y entrenamiento lo que nos posibilitará el estar plenamente conscientes durante la incursión a esa realidad que permanecía invisible. En los trances de posesión y los mediúmnicos no se suele estar consciente y sólo ocasionalmente se suelen recordar posteriormente. Muchos de estos casos, en los que el individuo no es consciente de lo que ocurre en el trance se consideran estados patológicos.

 

Tecnologías del trance chamánico

El trance es un «despertar», una trascendencia de ceguera ejercida por el ego dormido, que nos descubre otros aspectos del mundo, infinitamente más amplio. La conciencia se expande durante el estado de trance, intentando llegar al origen del mundo: nuestro propio origen. Nos brinda la oportunidad del renacimiento. Después de una profunda experiencia extática, nunca más volveremos a ser como éramos antes. Encontrar nuestras más profundas y verdaderas raíces nos dota de un gran sentido acerca de nuestra vida; sabemos de dónde venimos y a dónde vamos. Nos sentimos fluir con el universo, nuestra vida empieza a organizarse como si encajara en un plan más amplio. Para un chamán, habremos «recuperado nuestra alma».

Los chamanes y místicos cuentan con un gran conjunto de recursos para permitir el acceso a esa otra realidad del trance por medio del ayuno, la privación del sueño, la fatiga, la danza, la música, el canto, las temperaturas extremas, las plantas de poder o el dolor extremo. En muchos casos, el chamán utiliza la combinación de varias técnicas. En el proceso de autopoiesis que yo ofrezco, usamos la respiración chamánica o aliento vital para alcanzar el trance consciente.

El ego siempre busca experiencias «light», que no supongan esfuerzo, y el trabajo con trances y catarsis requiere de una considerable motivación y coraje. Es el camino del héroe que se adentra en lo desconocido. La mayoría de las filosofías y psicologías de la «Nueva Era» ofrece modos de seguir más cómodamente en el sueño del ego y enseñan cómo sentirse mejor dentro de la ilusión de la vida, mientras que las disciplinas autenticamente espirituales enseñan cómo atravesar ese sueño aunque suponga algún esfuerzo.

 

El vuelo del alma

La noción de existencia de un principio vital que trasciende al cuerpo es fundamental en todas las culturas ancestrales. La existencia de un alma y su vida después de la muerte es la base de toda filosofía espiritual tradicional. Donde quiera que exista una creencia en el alma, se encuentra también la noción paralela de que el alma se puede separar del cuerpo –y del ego–, y de que tiene independencia propia.

La experiencia de estar fuera del propio cuerpo físico puede manifestarse en todos los estados alterados de conciencia. En el mundo existe un consenso bastante generalizado sobre la apariencia del alma o espíritu. La palabra latina para «alma», anima, viene del griego ánemos: viento. Y la palabra «espíritu» procede del latín spiritus, que también significa viento.

En la experiencia extática de la ascensión, se equipara la salida del alma con el vuelo. Para que el vuelo sea posible no ha de existir «carga» alguna. Todos nuestros apegos al mundo terrenal constituyen una carga o lastre que implica un vuelo difícil o ni siquiera poder «despegar». En la medida en que nos libremos de la carga de los deseos, apegos y creencias limitadoras, que son la base estructural del ego, podremos alcanzar mayor profundidad y sutileza en el estado de trance.

Con la respiración chamánica purificamos todo lo que no nos sirve y lo empleamos como «combustible» para mantener el estado de trance. Así despertamos del sueño de Matrix (metáfora cinematográfica sobre la ilusión de la realidad) y podemos profundizar en nosotros mismos, alcanzando nuevos niveles de conciencia y apreciación del mundo. El alma vuela en su propio terreno.

Para acceder a los niveles más sutiles y sagrados de la naturaleza, la llamada ascensión a las regiones celestes, se ha de efectuar una mutación ontológica en el ser humano. El vuelo o viaje –el trance– constituye un acto de trascendencia de la condición que consideramos «normal» o profana del ser humano. El místico cristiano San Juan de la Cruz escribió cómo, cuanto más se aparta el hombre de las cosas terrenas, tanto más se acerca a las celestiales y más allá en Dios. Cuando percibimos la otra realidad detrás de la aparente, el mundo simbólico se nos hace accesible.

 

El mundo simbólico

Los trances chamánicos con respiración consciente ofrecen una aproximación simbólica o arquetípica a la experiencia interna. Aportan un contexto más amplio para el crecimiento y evolución personal. De ahí los mitos y símbolos de tantas culturas que establecen un puente entre el mundo interno y externo. El arquetipo del héroe que ha de superar determinadas pruebas es cada una de las personas que habitan el mundo.

El Libro de los muertos egipcio muestra el simbolismo del alma-ave como un halcón. El simbolismo del alma-ave nos remite a la transición entre la materia y el espíritu. Nos transmite la cualidad de ligereza, de aligeramiento y de libertad. El alma-ave que surca el aire, el inmenso espacio inhabitable que tan sólo puede ser transitado, siendo la esencia del movimiento constante, del viaje infinito hacia lo más elevado de la existencia. El elemento aire nos impele a la infinidad de rumbos. Constituye un símbolo inigualable de libertad. Lo multidireccional analógicamente se puede equiparar a lo multidimensional. Y la fuerza que nos mantiene en el aire es el poder de la voluntad. Un ejercitar constante de la voluntad y atención plena, de recordarnos quiénes y qué somos nos mantendrá en vuelo y nos dotará con una dirección correcta. Esta fuerza de voluntad que supera la «fuerza de la gravedad», es la fuerza del espíritu.

Otro ejemplo simbólico es Quetzalcoalt, «la serpiente emplumada» que simbolizaba para los aztecas precolombinos la trascendencia del mundo horizontal, terrestre o profano de la serpiente hacia el mundo sutil y vertical de elemento aire, representado por las plumas de un pájaro. El destino de la evolución humana es el sendero de la trascendencia hacia el mundo espiritual, como ya apuntaban los aztecas, era el de convertirnos en Quetzalcoalt.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

error: Content is protected !!