Seleccionar página
Gurús y maestros espirituales: 2001 Odisea del espacio interior

Gurús y maestros espirituales: 2001 Odisea del espacio interior

Gurús o maestros espirituales

Hoy en día se habla mucho de que ya no necesitamos gurús o maestros espirituales, y que cada uno es su propio maestro. Si bien es cierto que cada quien es responsable de su viaje espiritual, en ocasiones uno sabe perfectamente que necesita toda la guía o ayuda posible. En mi opinión, lo más recomendable es admitir con humildad los límites de nuestro conocimiento, y tener fe en fuentes más sabias que nosotros y permanecer abiertos a la sabiduría de tradiciones ancestrales que han pasado la prueba del tiempo.
Ocurre en ocasiones que la rebeldía contra las convenciones puede motivar a algunos de los que toman un enteógeno a no hacerlo bajo el cuidado de una persona experta, lo cual puede enturbiar y distorsionar la experiencia. Por eso tomar plantas sagradas en un contexto lúdico o escapando de la realidad suele ser equivalente a quedarse en estadios superficiales, sin permitir que actúe realmente todo el potencial que el enteógeno puede ofrecer a cada persona. Esto se traduce muy a menudo en que cualquier atisbo de sanación o transformación resulta muy pobre o no llega a producirse nunca.

 

Los gurús y chamanes como portadores de la sabiduría ancestral

Si el contexto y la preparación no se han cuidado es muy posible experimentar la odisea del típico «mal viaje». Desde tiempos ancestrales las diferentes tradiciones han realizado un exclusivo uso ritual de las plantas enteógenas, por lo que no se han encontrado casos de sobredosis, adicciones u otras patologías derivadas de un uso inadecuado de los enteógenos. Tú eres el piloto y el navegante de tu camino espiritual, y sólo tú puedes decidir si debes pedir consejo, dónde debes buscarlo y si te conviene seguirlo o no. Sólo tú puedes interpretar las señales sagradas y salvar sus aparentes contradicciones. Sólo tú puedes decidir cómo encaja la sabiduría ancestral en tus circunstancias. Tú eres el que acaba decidiendo, y la principal brújula es tu propio sentido de la verdad. En el sendero espiritual no existe la «vía única».
Es cierto que para algunos buscadores la estricta obediencia a un maestro o a una institución espiritual constituye el mejor camino y el más adecuado. Pero incluso ellos deben determinar por sí mismos los términos exactos de su condición de discípulos. Ellos y sólo ellos pueden decidir cómo aplicar a sus vidas las enseñanzas de la fe que profesan y dónde establecer el límite de su entrega.

Ahí está el punto de equilibrio: ¿puedes cogerte de la mano de los guías sin perder de vista quién eres en realidad? ¿Puedes aceptar que hay muchas cosas que no sabes y, al mismo tiempo, admitir la verdad igualmente desalentadora de que cada decisión recaerá en ti, te sientas o no cualificado para ello? ¿Puedes conservar tu poder sin volverte arrogante, engañarte o desconectarte de fuentes de mayor sabiduría? Las respuestas obviamente están en tu interior.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

Enteógenos, laberintos y minotauros

Enteógenos, laberintos y minotauros

La identificación con la mente produce un opaco muro de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera percepción de la realidad. Ese muro se interpone entre tú y tú esencia, entre tú y tú prójimo, entre tú y la naturaleza, entre tú y lo divino; ese muro crea la ilusión de separación, la ilusión de que tú y lo «otro» estáis totalmente separados. Así se te olvida el hecho esencial de que, debajo del nivel de las apariencias físicas y de las formas separadas, eres uno con toda la Creación. La libertad comienza cuando el muro desaparece, cuando la mente se aquieta y da paso a niveles más profundos de conciencia y la realidad se percibe directamente. Este muro es una estructura férrea, petrificada en el tiempo y consensuada por la sociedad que la fomenta. Es el resultado de años y años de estructurar, interpretar y definir la realidad que vivimos. Estos muros forman un intrincado y complejo laberinto que con el tiempo van encerrando al individuo y distanciándolo de su Ser. Pero utilizando el hilo de Ariadna adecuado, se puede uno liberar y salir fuera de sus asfixiantes muros del ego. Este vetusto laberinto contiene entre sus paredes al terrible Minotauro. Esa criatura mítica que habita encerrada entre los muros mentales que construimos día a día y que está formada por la sombra psicológica.

LA SOMBRA PSICOLÓGICA

La sombra son todas las emociones, deseos y creencias reprimidas, ocultas y olvidadas en lo más profundo del laberinto que se han ido tornando monstruosas e inaceptables. Cuando el pensamiento se aquieta, se experimenta una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de «no-mente», este es el sendero o hilo de Ariadna que conduce a la libertad, al estado de Verdadera Naturaleza o rigpa. En este estado se desidentifica uno de todo el aparataje mental. En este estado se produce la conexión interna y se está más despierto y lúcido que en el estado de identificación mental habitual. Uno está plenamente presente experimentando el Aquí y Ahora con toda su plenitud. El hecho de disolver los muros hace que aparezca el temido y hasta entonces oculto Minotauro personal. Esta parte de nosotros ha de ser vivida para que se integre y se experimente la libertad total en el Aquí y Ahora. De esta manera recuperamos todo nuestro potencial como individuos sin un lastre oculto dentro de nosotros que sirva para crear muros que nos impida vivir en armonía con todo cuanto nos rodea. Esto nos conduce hacia la trascendencia de nuestra propia ceguera, hacia un estado de claridad y a la vivencia de una conciencia más allá de los límites autoimpuestos por nosotros mismos en el pasado.

Hay muchas técnicas para conseguir poco a poco llegar a dicho estado trascendente. Desde la meditación zen, el budismo vajrayana, el shaivismo de Kachemir, las danzas sufies, etc. Todas estas técnicas van disolviendo los muros lentamente permitiendo ir integrando al escurridizo Minotauro. Pero hay una herramienta muy poderosa para disolver el muro y encarar nuestra sombra muy rápidamente, se trata de los enteógenos. Los enteógenos son una de las herramientas naturales más poderosas para derribar los muros de la mente. Utilizados desde hace milenios por el ser humano para conseguir estados trascendentes y traspasar las barreras de la mente. Han recibido gran número de nombres: plantas maestras, plantas de los dioses, plantas sagradas, plantas de poder, plantas mágicas, plantas luminosas, plantas visionarias, plantas de luz, plantas alucinógenas, plantas enteógenas, plantas psiquedélicas, plantas psicotrópicas, etc. Los enteógenos son sustancias de origen vegetal que contienen alcaloides, moléculas muy similares e incluso algunas exactamente idénticas a los neurotransmisores que produce el cerebro humano (como el DMT). Los alcaloides actúan directamente en el sistema nervioso y endocrino produciendo determinados y complejos cambios bioquímicos relacionados con nuestra forma de pensar, sentir y percibir. Cuando ampliamos la conciencia por medio de los enteógenos, estos nos ayudan a disolver las barreras mentales, las creencias y las actitudes defensivas que nos mantienen identificados con una máscara superficial e irreal frente al mundo. El laberinto de la mente delimita el espacio y el tiempo, nos mantiene atrapados entre sus sólidos límites filtrando la realidad y empobreciendo nuestras vidas. Esto produce una preocupación interminable por el pasado y el futuro, y una falta de disposición a experimentar y reconocer el momento presente y permitir que sea tal cual es. La neurosis surge porque el pasado te da una identidad y el futuro contiene expectativas de algún tipo. Ambas son poderosas ilusiones.

LOS ENTEÓGENOS Y EL HILO DE ARIADNA

Los enteógenos actúan como el hilo de Ariadna que nos saca de la dimensión temporal y nos conducen a experimentar el eterno presente -el Aquí y Ahora- y ayudan a conocer nuestra esencia o verdadera identidad. Nos llevan directamente a la entrega y a la rendición plena a lo que está profundamente oculto en nuestro interior. Nos incitan a confiar en que nuestro Ser Verdadero que está más allá de la mente y trasciende todos sus laberínticos pasajes y sus terribles Minotauros. Con el tiempo, este encuentro con la esencia interna o Ser Verdadero que nos brindan los enteógenos se irá manifestando en lo cotidiano. Lentamente descubriremos como estamos unidos a todo cuanto nos rodea y que toda etiqueta, división o juicio es un producto de la mente para encasillarnos en una realidad ya establecida y consensuada. Poco a poco el Ser Verdadero va impregnando todos los actos de nuestra vida dándonos la seguridad y confianza de que todo está perfecto viviendo el Aquí y Ahora con toda su plenitud. Gracias al correcto uso de los enteógenos (yo recomiendo su uso siempre bajo la guía de una persona experta) podemos aprender a vivir en armonía fuera del laberinto en la libertad total.  

JOSÉ LUIS LÓPEZ DEÑGADO
(Artículo publicado en la revista ESPACIO HUMNANO Nº 123)

El éxtasis y la nostalgia del paraíso

El éxtasis y la nostalgia del paraíso

El doctor en medicina Andrew Weil sostiene que el impulso más importante en el ser humano es la búsqueda de la experiencia trascendental, siendo más poderoso incluso que el deseo sexual o el instinto de supervivencia. La evolución del ser humano es un sendero hacia la totalidad de la conciencia, hacia una integración de todas las partes del Ser. Un impulso vital que nos empuja hacia la comunión y la armonía con la toda la existencia, hacia el éxtasis de la totalidad. Pero si ignoramos o nos resistimos a este impulso evolutivo y no lo aceptamos seremos víctimas de las patologías psicológicas más frecuentes. Estaremos nadando a contracorriente. Uno de los padres de la psicología transpersonal, el psiquiatra Roberto Assagioli, señala, a propósito de este impulso evolutivo, cómo a veces ocurre que una persona se ve sorprendida y perturbada por un cambio interior, y cómo dicho cambio comienza frecuentemente con un sentimiento creciente de insatisfacción y de carencia al que se le añade paulatinamente un sentimiento de irrealidad y de vacío de la vida cotidiana. Muchas personas que no entienden el significado de estos nuevos estadios de la mente los consideran como fantasías y divagaciones anormales o patológicas.

TRANCE Y ÉXTASIS

A lo largo de toda la historia de la humanidad podemos encontrar como en la mayoría de culturas tenían técnicas para acceder y explorar este impulso vital hacia la trascendencia. Estas técnicas nos inducen al trance extático, y suelen favorecer la trascendencia momentánea de la visión dual del ego, alterando nuestras percepciones y modificando la conciencia hacia otros niveles más profundos y sutiles. Con el trance dejamos el mundo ordinario, rompiendo la frontera entre la Tierra y el Cielo, entre lo profano y lo divino. La alteración del estado ordinario de conciencia constituye la esencia del trance o éxtasis, dependiendo del nivel de profundidad y disolución del ego que se alcance en la experiencia. La palabra “trance” proviene del francés transe, de transir, y ésta, a su vez, del latín transire, que significa «pasar de un lugar a otro». Y la palabra “éxtasis procede del término griego ektasis, que significa «desplazarse, alejarse de los sentidos». Por lo tanto, podemos considerar al trance y al éxtasis como el paso de un estado ordinario de la conciencia a otro diferente. Resultando una incursión en lo desconocido y oculto de la naturaleza —tanto en el mundo interno como externo—, pudiendo alcanzar los más profundos y sutiles niveles de lo sagrado o numinoso, conocidos como trance extático o éxtasis místico.

Por medio del trance se descubre un mundo diferente, que no es ni privado ni limitado, sino transpersonal y lleno de significado: un mundo extraordinario y sagrado. A través del trance uno se desliga del tiempo ordinario y discursivo y accede al Gran Tiempo, el tiempo de los orígenes, considerado por las tradiciones como una realidad más auténtica. Al trance debemos considerarlo como un despertar a otro nivel de la realidad, es una ampliación de la conciencia o, dicho de otro modo: un enfoque o desplazamiento focal de la conciencia. Será nuestra preparación lo que nos posibilitará el estar plenamente conscientes durante la incursión a esa realidad que hasta este momento permanecía invisible.

AL ENCUENTRO DEL PARAÍSO PERDIDO

Los aspectos mitológicos de las culturas ancestrales aportan una vía para equilibrar los factores discursivos y alienantes del presente encapsulado por el ego. Resulta extremadamente beneficioso para la psique el recurrir a los mitos del origen o mitos del tiempo primordial: la vuelta al estado de pureza del que surgió todo cuanto existe. Este contacto con el origen es un encuentro profundo, un acercamiento al arquetipo del Self, aquella parte de nosotros que siempre está en contacto con la fuente. Entre el estado primordial o estado original del mundo existe una inmensa gama de niveles intermedios hasta el nivel del mundo consciente o realidad ordinaria. En estos diferentes niveles podemos encontrar a todos los dioses, héroes y seres fantásticos de cualquier mitología en que nos fijemos. La vuelta al paraíso del jardín del Edén es el regreso al lugar del origen, donde recuperar nuestra auténtica y más profunda naturaleza. Encontrando nuestro centro —el arquetipo del Self o de la Unidad—, podremos actuar desde él sin los miedos, ni los tabúes limitadores a que nos tiene acostumbrados el ego. Es desde el Self, el núcleo de nuestra alma, en donde surge la nostalgia del paraíso y nos embarca en una búsqueda de la felicidad primordial.

Pero el aproximarse al origen, al núcleo del ser, es una tarea ardua, es una heroica tarea o enfrentamiento con los obstáculos que desde la percepción del ego consideramos como terribles monstruos. Es el camino del ser, el viaje del héroe mitológico que se aleja del mundo real y cotidiano para adentrarse en el mundo de lo mágico o desconocido. Es el sendero hacia la trascendencia. Es el recorrido por los abismos y profundidades de lo inexplorado lo que hará que el héroe encuentre un maravilloso tesoro: esa joya o parte divina que tenemos todos en lo más profundo de nuestro interior. El héroe que trasciende su condición egoica, se transforma en un nuevo ser humano totalmente pleno e íntegro. Podríamos decir, que el éxtasis, tal como dice el diccionario, que es «una exultación del espíritu, la beatitud del paraíso». Que, a diferencia del estado efímero de la alegría, es un estado duradero que alimenta y sostiene tanto al espíritu como al cuerpo. El gozo del éxtasis no provoca un deseo ardiente de más, porque es suficien­te. Se alcanzar la plenitud.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

La Alquimia Interior a través de las Plantas Sagradas

La Alquimia Interior a través de las Plantas Sagradas

Homero narra cómo los dioses, los héroes y sus caballos se alimentaban de ambrosía, el néctar de la inmortalidad. Su consumo era un privilegio exclusivo de los dioses. El mortal que se apoderara de ella, como ocurrió con Tántalo, sufriría el castigo de ser perpetuamente privado de ella. Sólo cuando los dioses lo desean pueden compartir su privilegio con los mortales y elevarlos a una condición sobrehumana. El dios griego Dionisos, divinidad de la vid, la embriaguez y el éxtasis, fue maldecido por los dioses por ofrecerles a los seres mortales sus virtudes extáticas y acercarles a la condición divina. A menudo, en los relatos mitológicos los frutos del Árbol Sagrado dan la inmortalidad o bien es a sus pies donde crecen los frutos de los que se extrae la ambrosía. Un extendido ejemplo lo constituye el hongo enteógeno amanita muscaria o agárico matamoscas, considerado como dador de la inmortalidad en el chamanismo siberiano y otros pueblos que lo consumían ritualmente.

En la antigua alquimia china se usaba la amanita muscaria mezclada con ginseng como elixir de la inmortalidad. La alquimia interior a través de las Plantas Sagradas, hace referencia a una forma de desarrollo espiritual en la que el propósito último no es abandonar toda conexión con el mundo físico y experimentar otros niveles de la realidad, sino que trata de construir un vehículo en el que la plenitud y grandeza del espíritu pueda experimentarse permanentemente, incluso mientras se vive en el mundo físico. De ahí que a estas plantas de uso milenario se les otorgue el apelativo de alimento de los dioses o de elixires de la inmortalidad Este cuerpo de inmortalidad (cuando lo divino se ha fusionado con lo terreno) se corresponde con lo que la tradición cristiana ha denominado cuerpo de gloria y con el merkabah de la tradición kabalista. Es semejante en muchos aspectos, sino idéntico, al lapis philosophorum o piedra filosofal de los alquimistas o al Grial, eje central la tradición esotérica y mística occidental y que ya deja entrever la importancia de la comunión como eje que une lo profano con lo sagrado.

 ALQUIMIA, INMORTALIDAD Y DESARROLLO ESPIRITUAL

El desarrollo espiritual se ha descrito en infinidad de ocasiones como una lucha, y ciertamente se requiere de un esfuerzo y un profundo compromiso consigo mismo, pero la principal arma en esta paradójica lucha es fluir, rendirse al propio universo, rendirse al Gran Misterio, al Tao a la Fuente de toda la Creación. El buscador del espíritu es un guerrero espiritual que fluye en armonía con el Universo. Es el héroe que se deja llevar por su destino -sintonizado por la corriente universal-, así, de este modo el guerrero espiritual descubre su Ser Inmortal o la Totalidad de su Ser. Con esta perspectiva de transformación, no es apropiado batallar, luchar o forzar nada. De hacerlo así, se estaría operando desde el ego, esto es, desde dicha fracción de uno mismo con la que se defiende y analiza, esa estructura psíquica que no cesa de hablar en el interior de la cabeza en todo momento interfiriendo constantemente en el fluir del cosmos. Todos hemos sido condicionados desde muy temprana edad a hacerlo todo desde la mente egoica. Por lo tanto, si tratamos de “hacer” desde la forma de percepción habitual, es probable que permanezcamos atrapados en la mente discursiva, un nivel inadecuado para cualquier tipo de percepción fuera del espectro de la realidad ordinaria consensuada. Si dejamos de hacer (técnicas del no hacer en la filosofía tolteca enseñada por Carlos CastanedaWu Wei en el taoísmo) podremos adentrarnos en el momento presente, vivirlo en su totalidad, con la totalidad de nuestro ser. Estaremos completamente conscientes o lo que es lo mismo: simplemente Somos.

Permitámonos que lo que está escondido en las profundidades emerja y sea revelado a nuestra conciencia. No hagamos nada, dejemos que las cosas sucedan. Fluyamos con lo que surja en el momento, el universo nos está hablando, nos está guiando. En el mundo físico -el tonal-, cuando se desea algo hay que luchar para conseguirlo. Pero en los mundos sutiles del nagual, esa otra realidad mágica e invisible, todo está invertido, como si fuera el otro lado del espejo. Si se quiere algo, hay que dejar que llegue. Limitándonos a estar conscientes y confiar, todo sucederá. Las herramientas que nos brinda la naturaleza para nuestro desarrollo evolutivo son múltiples y muy variadas. Pero las Plantas Maestras o Aliadas, consideradas como sagradas en la mayoría de culturas y pueblos que las han usado, son sin duda alguna la más poderosa e intensa herramienta para la exploración de los mundos internos.

El sacramento de la Comunión, sólo adquiere sentido cuando se comulga con una sustancia que realmente nos capacita para conectar con lo divino, de ahí su nombre cada vez más generalizado de estas plantas: enteógeno que significa revelador del dios interior. Entre estos catalizadores naturales de lo divino más conocidos encontramos la Ayahuasca, Teonánnacalt, Peyote, Amanita Muscaria, Salvia Divinorum, san Pedro, etc. Antiguamente solo los iniciados podían acceder a la comunión con plantas sagradas. Solo ellos conocían esta alquimia secreta. Tras la iniciación le seguían diversas técnicas de de meditación, respiración y ayunos que favorecían la integración y comprensión de las experiencias al comulgar con Plantas Sagradas.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO