El sapito de Sonora

El Bufo alvarius es un sapo nativo del continente americano. El sapo vive principalmente en el sur de Arizona, al norte de Sonora, en la frontera de California y Arizona, y en el occidente de Nuevo México. Los efectos psicoactivos de las secreciones de sus glándulas cutáneas contienen una gran variedad de compuestos psicoactivos, entre ellos la bufotenina (5-OH-DMT) y la 5-MeO-DMT (5-metoxi-dimetiltriptamina). La bufotenina y la 5-MeO-DMT son dos alcaloides triptamínicos químicamente similar a la serotonina que inducen poderosas experiencias psicodélicas.

La 5-MeO-DMT también está presente en diversas variedades botánicas, como en la Diplopterys cabrerana (chaliponga) usada para elaborar ayahuasca o en especies de Virola, de Anadenantera y Phalaris, plantas que se han utilizado desde la antigüedad en la preparación de rapés psicoactivos como el yopo.

En la actualidad, el empleo del B. alvarius está cada vez más extendido, sin embargo, históricamente no hay apenas datos que muestren su utilización como sacramento sagrado. Tan solo es una suposición dada la gran variedad de representaciones iconográficas y mitológicas de sapos en las culturas olmeca, maya y azteca, que datan del año 2000 a.C. Igualmente podemos encontrar gran número de leyendas sobre el uso de los sapos en la brujería durante la Edad Media. También aparecen en el folclore tradicional como personajes de los cuentos infantiles generalmente asociados a hongos mágicos como en el toadtool (asiento del sapo). En cualquier caso, hay muchas personas que utilizan términos como «medicina ancestral» y «rituales tradicionales» en la promoción de sus actividades relacionadas al uso de la secreción del bufo para darle un sentido de autenticidad a su trabajo y de esta manera atraer a los participantes. Esto ya indica una falta de veracidad que induce a pensar en un mero marketing económico por parte de los facilitadores que ofrecen experiencias con bufo.

 

Hasta el infinito y más allá

La experiencia con la secreción cutánea del B. alvarius generalmente es muy intensa y sobrecogedora, y produce una modificación extrema en la cognición. Muchas personas describen sensaciones de unidad cósmica, de acceso a una consciencia no dual u otras variedades de profundas experiencias espirituales. Algunas personas han comparado la vivencia con la experiencia de morir y acceder al más allá del más allá. Es común la pérdida de la sensación de identidad y la disolución del ego, así como sensaciones de expansión cósmica y de fundirse con el Todo.

Pero también, es muy frecuente que la súbita inmediatez de los efectos cause grandes reacciones de miedo y pánico, y la experiencia sea tremendamente abrumadora y traumática para algunas personas. Pueden producirse fuertes taquicardias, espasmos y movimientos espontáneos de forma incontrolada durante la experiencia, e igualmente producirse algún tipo de expresión involuntaria de sonidos (gritos, llantos, risas, etc.) sin que la persona sea consciente de ello. Por tanto, la presencia de un cuidador experto que mantenga la seguridad física de la persona y el entorno es prácticamente imprescindible.

 

Cuando el sapo no se convierte en príncipe

Las glándulas del bufo Alvarius no producen solamente bufotenina y 5-MeO-DMT, también contienen un derivado metilado de serotonina, bufotoxina y bufogenina, siendo éstos potentes glucósidos altamente cardiotóxicos. En el caso de 5-MeO-DMT, “el rango general de dosis” es de 6-20 mg, pero la cantidad de esta sustancia en la secreción puede variar, por ello, calcular la dosis eficaz es complicado y puede causar efectos no esperados en usuarios no preparados.

Los riesgos psicológicos de la experiencia con B. alvarius también tienen que ser tenidos en cuenta. Ya que aunque la experiencia puede resultar muy beatífica y placentera, también puede ocurrir que se experimente como aterradora y traumática. Igualmente es muy común que se produzca una Inflación del ego o síndrome mesiánico y la persona crea ser especial o una elegida de Dios.

Otro tipo de peligro yace en combinar con el sapo diferentes sustancias psicoactivas como ayahuasca o iboga. Lo más prudente es dejar que pase un tiempo considerable (uno o dos meses) entre la experiencia del sapo y otros psicodélicos.

Algunas personas reportan tener flashbacks de los efectos tras la experiencia, a veces incluso durante meses. En otros casos las personas padecen ansiedad, insomnio, ataques de pánico, depresión, disociación o estados de confusión. Muchas personas me relatan que después de haber tomado el sapito que “su cuerpo energético no encaja correctamente como antes” o “todo les parece irreal y que les resulta muy difícil realizar sus tareas cotidianas.”

Tener en cuenta los factores del contexto, el estado mental previo y la intención con la que se realiza la experiencia, así como la persona que administra la sustancia, es importante a la hora de decidir sobre la comunión con B. alvarius. Así mismo, el proceso de integración es de fundamental importancia para las personas que no tienen experiencias con psicodélicos ni otros tipos de trances espirituales. Aquellas personas que se planteen experimentar con esta sustancia deberían tener en cuenta todos estos factores antes de hacerlo y saber que la experiencia puede ser tan reveladora y gozosa, como aterradora y devastadora.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO