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EL VIAJE DEL HÉROE HACIA LA TRASCENDENCIA

EL VIAJE DEL HÉROE HACIA LA TRASCENDENCIA

En 1909, Otto Rank, uno de los primeros discípulos de Sigmund Freud, publicó El mito del nacimiento del héroe, en dicha obra, Rank expuso la gran similitud que existe en muchas leyendas de héroes y fundadores de diferentes religiones en diferentes contextos históricos. Debido a que tales mitos independientes culturalmente entre sí tengan una gran similitud, constituye una estimulante muestra de su relación con verdades psicológicas universales. Constituyendo así los relatos mitológicos un magnífico despliegue simbólico de las cartografías de la psique.

Los mitos representan los mapas alegóricos del viaje heroico. El héroe es un peregrino y un guerrero que ha de aprender a adaptarse a lo desconocido en cada momento de su periplo. Este viaje puede estar dividido en varias etapas que sugieren diferentes niveles de transformación hacia la integridad del ser. El héroe en su aventura aprende y se transforma, transciende su condición anterior para convertirse en un ser más íntegro y completo. El héroe ha realizado un viaje de autodescubrimiento que le ha cambiado para siempre. El viaje propiamente dicho comienza con una señal o una casualidad que hace ponerse en marcha al héroe, empezar un viaje, un impulso irrefrenable de búsqueda.

En las narraciones mitológicas siempre aparecen obstáculos en el camino del héroe, un oscuridad que ha de ser iluminada, vencida con la claridad de la conciencia. Dicha oscuridad es simbolizada generalmente como una criatura monstruosa o terrible dragón. Pero al mismo tiempo aparecen señales, símbolos o claves como indicativos de cómo han de ser las cosas para adentrarse en lo desconocido venciendo todos los obstáculos y poder alcanzar la meta. Generalmente se trata de: descifrar un gran misterio, conseguir un tesoro, salvar a una princesa, llegar a una ciudad utópica, encontrar su verdadera identidad o regresar al hogar perdido.

 

El caos precosmogónico o el retorno al útero

En otras palabras, podemos decir que el héroe espiritual retorna al vientre de la madre, se disuelve en el profundo mar del inconsciente y luego sufre una agonía durante la cual cree que muere, pero eventualmente se da cuenta de que ha renacido. Todo lo cual es poco más que una variación de lo que Jesús le dice a Nicodemo. Jung sostiene que el encuentro con una parte más amplia de la conciencia conlleva siempre una derrota del ego. De hecho, a menudo amenaza con disolverlo.

El surgimiento de una voz o de una visión reveladora, producto de un estado alterado de conciencia, causa un gran impacto en el ego, siempre dependiente de la mente racional y el medio cultural en que se desenvuelve, produciendo una gran herida en la psique y alterando profundamente la forma de ver las cosas hasta ese momento. La persona se enfrenta así a un “caos psíquico” que le conecta con el “caos precosmogónico”: el estado informe e indescriptible que precede a toda cosmogonía.

El retorno simbólico al caos es indispensable para una nueva creación, para una nueva reorganización de la psique. Este caos psíquico es un acercamiento a la “locura”, es la transformación de la persona profana en un individuo con una nueva personalidad, más cercana y conectada con la profundidad del mundo espiritual. Habida cuenta de que todos nosotros vivimos con temor a la locura, la muerte y la enfermedad, son pocos los individuos que acepten adentrarse por estos senderos. El caos psíquico nos sumerge en el lugar de dichos temores donde, tras la superación de los mismos, volveremos a nacer. Pero será éste un renacimiento que nos torne diferentes y más capacitados para desenvolvernos en el mundo, ya que experimentaremos entonces una profunda unión con la Naturaleza, más conectados o unidos a nuestros semejantes y todo cuanto nos rodea una vez atravesado el infernal caos.

Igualmente cierto es que la sociedad actual padece la enfermedad del caos, abarrotada de confusión y desórdenes profundos. Saturada de angustia, estrés y depresión por la inestabilidad laboral y salarial; anemia hídrica, cancelación de atención y tratamientos en hospitales públicos; esclerosis educacional, alcoholismo pandémico en legiones de adolescentes, amnesia de paz, insolidaridad frente a la indigencia de las pobreza y un sin fín de mareas caóticas más. Todos estos hechos, profundamente instalados en los escenarios cotidianos, nos muestran que todos somo héroes de nuestro tiempo, y que todo este caos es pura mitología cotidiana viva. Ineludiblemente todo lo que ocurre a nuestro alrededor es un reflejo de lo que hay en nuestra psique y que enfrentándonos con todo este caos conscientemente podremos alcanzar una mayor nivel de integridad, lucidez y desarrollo como seres humanos.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

 

ATRAPADOS EN UN MAR DE CREENCIAS TÓXICAS

ATRAPADOS EN UN MAR DE CREENCIAS TÓXICAS

Todos estamos inmersos en una maraña de creencias y costumbres que repetimos mecánicamente sin plantearnos de dónde vienen, desde cuándo, y si realmente sirven para algo. Tanto las religiones como los diferentes sistemas sociales han establecido ciertos parámetros por los cuales se rigen las vidas de infinidad de personas en cualquier parte del mundo. Algunas de estas creencias introyectadas en nuestra psique crean conflictos internos que nos pueden ocasionar una sensación de continuo malestar. Estas creencias nos hacen sentirnos enjaulados en nuestra propia psique ocasionando lucha, contradicción y dudas.

Hasta que estas creencias no son desmanteladas o transformadas muchas personas viven en un estado permanente de conflicto que les imposibilita vivir la vida con plenitud y libertad.  Muchas de estas creencias nos alejan de una vida natural más armónica y saludable. Estas creencias están tan arraigadas dentro del inconsciente que nadie se suele replantear si quiera su existencia y piensan que las cosas son así y punto.

Podemos encontrar cientos y cientos de estas creencias que se manifiestan en un infinito abanico de costumbres y hábitos. Desde las formas de vestir y comportamiento a la gastronomía, las fiestas religiosas y laicas u otras celebraciones populares. Por ejemplo, ¿Cuántas personas se sienten mal por no poder celebrar su cumpleaños o no poder asistir a la cena de Navidad?

Si indagáramos más en estos ejemplos, descubriríamos que festejar los cumpleaños es una celebración que sólo se realiza en ciertas partes del mundo y no desde hace tanto tiempo como creemos. Egipcios, griegos y romanos sólo celebraban los cumpleaños de dioses, nobles y gobernantes. Al ser una costumbre pagana, los cristianos no celebraron los cumpleaños hasta el siglo IV. Todavía hoy día existen varias culturas en las que no se celebran los cumpleaños. E igualmente, aunque no es fácil seguir la pista al origen de la Navidad, todo apunta a que sus raíces se remontan a la fusión de ritos chamánicos y la adoración del dios Mitra, divinidad persa del sol, (también conocida por los Romanos como Mitras). Se dice que Mitra nació en una cueva donde los pastores vinieron a rendirle culto asegurando que Mitra era el hijo de dios. El cumpleaños de Mitra se llevaba a cabo cada año el 25 diciembre y es a partir del siglo IV que el nacimiento de Jesús no se celebró hasta esas fechas haciéndolo coincidir con el solsticio de invierno. ¿Te resulta familiar esta historia?

 

Somos animales de costumbres

La exagerada importancia que se le dan a ciertas costumbres nos muestra lo atrapadas que están muchas personas y la poca libertad de que realmente disfrutan. La mayoría de personas rigen su vida por una ecuación: “si no hago esto que hace todo el mundo yo no soy como los demás y eso no es bueno”, y bajo este parámetro se han ido estructurando la gran mayoría de sociedades a lo largo de la historia. Así las creencias actúan como programas que dictan como han de hacerse las cosas y modelan nuestras costumbres. Si esto partiera de una base natural y con sabiduría, sin duda estas programaciones enriquecerían nuestra vida, pero la realidad es que no es así.

De hecho esto no sólo lleva a perpetuar costumbres y creencias, sino lo que es más grave, se intentan defender e imponer a toda costa: Fronteras, imperialismos, guerras, dictaduras, genocidios y toda clase de atrocidades cometidas por la humanidad. El resultado es que  el que no actúa igual que nosotros se convierte en un enemigo.

Entonces ¿De dónde vienen estos patrones? El ser humano, aún sigue siendo un «bebé» en el proceso evolutivo. Como humanos todavía no sabemos manejarnos con las emociones, los instintos, los pensamientos y, además, desconocemos las inmensas capacidades que poseemos como seres humanos. Somos como críos que aún no se conocen en profundidad y, que necesitan imperiosamente la aprobación de los demás. En base a esta necesidad, somos engañados por otros que nos programan a su antojo siguiendo sus propias creencias y conveniencias.

 

Despidámonos del sistema del absurdo

Así funcionan los sistemas imperantes, inculcando creencias, valores, leyes y todo tipo de imposiciones para que todo funcione a su antojo. Si bien es cierto que sin estos patrones parecería que todo sería un caos, esto no sería así si todos los individuos fuera realmente sujetos responsables y respetuosos con el prójimo: Individuos que supieran vivir realmente en libertad y en paz.

Como ya expresó C. G. Jung vivimos en una sociedad totalmente neurótica, somos el propio producto de la sociedad: individuos altamente neuróticos en un estructurado mar de absurdos conflictos que se perpetúan generación tras generación. Y es nuestracreencias tóxicas como la fiesta de cumpleaños responsabilidad darnos cuenta de ello, y actuar con sabiduría despertando de esta neurosis colectiva, actuando desde el corazón, celebrando cada día el milagro de la vida. Eliminemos de nuestra vida todas las creencias tóxicas que limitan nuestra libertad. No hace falta que nos impongan un día de la madre, un día del padre, un día de mujer, un día del trabajador, un día de los enamorados, etc. Actuemos con conciencia y rompamos con todos los esquemas que nos dicen que tenemos que hacer, pensar o sentir. Seamos libres de compartir o no, según lo sintamos desde dentro, y no por la aprobación de los demás. Si todos nuestros actos surgen del amor, todos serán actos desde la libertad y no por imposiciones de una sociedad neurótica.

 

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

 

CÓMO INTEGRAR UN VIAJE PSICODÉLICO

CÓMO INTEGRAR UN VIAJE PSICODÉLICO

INTEGRAR CON ÉXITO UNA EXPERIENCIA PSICODÉLICA

Las experiencias con enteógenos o psicodélicos suelen tener cuatro propósitos fundamentales:
1) Lúdico, 2) Psiconáutico, 3) Terapéutico o 4) Espiritual.
Dependiendo de la intención con la cual se haya participado en la experiencia, el trance o viaje tendrá sus matices pertinentes y éstos afectarán poderosamente en la vuelta a la realidad cotidiana. Para muchas personas, después vivir un intenso viaje con sustancias psicodélicas se despierta una intensa necesidad de integrar en la vida cotidiana lo descubierto durante dicha experiencia. En diversas ocasiones suele ocurrir que la experiencia que se ha vivido ha sido extremadamente intensa, abrumadora, caótica o muy difícil de asimilar para nuestro ego (un bad trip). Todo ese material que ha emergido del mundo interno se irá filtrando lentamente para su integración.
Pero ocurre cada vez en más en ocasiones, que ese material psíquico sigue desbordando a la persona produciéndole momentos de gran ansiedad, angustia o incluso ataques de pánico que interfieren en su cotidianeidad. Esto hace evidente que también es obvio cuidar el contexto posterior a una experiencia psicodélica para una satisfactoria integración en el día a día. Ante cualquier duda que se tenga lo más adecuado desde un principio será consultar al guía que ha acompañado la experiencia o algún experto en este tipo de trances psicodélicos.  Algunos de los aspectos a tener en cuenta a la hora de integrar una experiencia con psicodélicos son los siguientes:

 

1. EXPRESA TU EXPERIENCIA LIBREMENTE  

Independientemente de las particularidades del viaje que se haya tenido, se despierta la necesidad de compartir las experiencias vividas y los nuevos aspectos de uno mismo recién descubiertos con otras personas que lo puedan entender, respetar e incluso apoyar. El rechazo generalizado en la sociedad actual a la toma de sustancias modificadoras de la conciencia puede provocar que no se pueda contar la experiencia sin ser juzgado como loco, enfermo, drogadicto, etc. Esto lleva a que si se comenta a personas no adecuadas nos podemos encontrar con una actitud de rechazo o falta de comprensión. Si la familia, amigos o terapeutas no comprenden el potencial curativo de esas vivencias, pueden no considerarlas como válidas y preocuparse por el estado de la persona. Si la persona se deja influir por esos juicios, puede provocar un malestar e invalidar totalmente su propia experiencia que sin duda para ella sí que es importante.

 

2. BUSCA EL SENTIDO A TU EXPERIENCIA

Para darle sentido a la experiencia psicodélica existe una gran variedad de cartografías de los mundos internos. Estos mapas, que han surgido con ciertas variantes, una y otra vez en distintas culturas y períodos históricos, y nos sirven para la comprensión tanto del universo y como de nuestra propia la existencia. Es lo que Aldous Huxley denominaba «la filosofía perenne». Estos mapas de la conciencia ya se conocían en diversas culturas desde hacía siglos e incluso milenios. Los distintos sistemas de yoga, el vajrayana tibetano, el shivaismo de Kashmir, el taoísmo, el sufismo, la kábala o el misticismo gnóstico, son sólo unos pocos ejemplos. Cada uno es un enfoque particular del conocimiento sobre el universo (macrocosmos) y el ser humano (microcosmos).
El concepto fundamental de la filosofía perenne es que el ser humano está constituido por la manifestación de múltiples niveles de una sola conciencia: la conciencia cósmica. Esto significa que el ser humano es de naturaleza multidimensional y cada nivel del espectro de su conciencia, se caracteriza por un sentido específico y fácilmente reconocible de identidad individual. Esto cubre una gama muy amplia, desde la identidad suprema de la conciencia cósmica a través de varias gradaciones o estratos, hasta la identificación drásticamente reducida y limitada de la conciencia del ego en el mundo físico.
Entre los mapas de la conciencia más actuales y que son de gran utilidad en contextos de modificación de la conciencia, se encuentran el de C. G. Jung, Roberto Assagioli, Frances Vaughan, Robert Monroe, John Lilly, Oscar Ichazo o Stanislav Grof.

 

3. UTILIZA TODOS LOS RECURSOS QUE ESTÉN A TU ALCANCE

A modo de conclusión te diré que para poder integrar adecuadamente una experiencia psicodélica es imprescindible confiar en el propio proceso de uno mismo: en que la experiencia ha sido útil, aunque por el momento no puedas verla así. Plasmarla artísticamente (escribirla, pintarla, cantarla, bailarla, etc.), prestar atención a las sincronicidades cotidianas y observar el contenido de los sueños podrán despejar muchas incógnitas y ayudar a integrar la experiencia psicodélica. También pasar un periodo en la naturaleza o practicar técnicas de meditación, no sólo son actividades muy recomendables, sino que también son aspectos prácticamente imprescindibles para el correcto desarrollo de autoconocimiento a través de las sustancias psicodélicas. Y, si cuentas con un experto en dicho campo que te pueda ayudar mucho mejor. 

Aventurarse en el ámbito psicodélico sin preparación puede llevar ciertos riesgos. Queda patente que sin la adecuada preparación es muy posible que una sola experiencia con psicodélicos pueda desestabilizar la vida de una persona por completo. Hay que reconocer que los chamanes que se desenvuelven en el ámbito de las plantas psicodélicas han requerido de un largo y duro entrenamiento para alcanzar su estatus y sus conocimientos pueden ser de gran ayuda a la hora de resolver cualquier problema que se derive del consumo de psicodélicos.  

 

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

STANISLAV GROF Y LA COMPRENSIÓN DEL MUNDO INTERIOR

STANISLAV GROF Y LA COMPRENSIÓN DEL MUNDO INTERIOR

En la actualidad una de las mejores aproximaciones a los mapas interiores la encontramos en los trabajos del psiquiatra e investigador checo Stanislav Grof. En sus obras Grof expone los resultados de sus estudios con LSD y propone el modelo de la conciencia humana que configura, tras analizar los expedientes y archivos de cuatro mil experiencias, tanto suyas como de sus pacientes, recopilados durante cerca de veinte años de investigación. Grof fue uno de los primeros psiquiatras que se adentró en la comprensión interna de la enfermedad de sus pacientes mediante la experiencia de «psicosis temporales» autoinducidas con LSD. Años después, este investigador sería cofundador de la Psicología Transpersonal junto con Alan Watts y otros investigadores del Essalen Institute de California.

En un principio, el gran obstáculo de la investigación de Grof fue la imposibilidad de establecer una observación adecuada del fenómeno de las psicosis en el contexto de una sesión psicoterapéutica, al carecer de un marco teórico de referencia en el cual encuadrarlas, dado que la propia intensidad de las manifestaciones psicológicas y emocionales de los estados autoinducidos por la LSD le resultaba amedrentadora, pues muchos de sus aspectos amenazaban con socavar su propia visión del mundo. Sin embargo, a medida que aumentó su experiencia y familiaridad con dichos estados, se le hizo evidente que eran manifestaciones naturales de la psique humana. La principal conclusión que Grof extrajo de sus protocolos experimentales fue la de que, cuando a dichas experiencias se les permitía seguir su curso natural, los resultados terapéuticos trascendían todo lo visto hasta entonces puesto que, síntomas complejos que habían resistido meses e incluso años de tratamiento convencional, a veces desaparecían tras experiencias que los pacientes describían como recuerdos de vidas anteriores, sensaciones de unión cósmica o secuencias de muerte y renacimiento internas.


Las tres categorías de Grof: Un nuevo modelo de la conciencia

Las primeras cartografías de Grof estaban basadas en sus propias experiencias con LSD y las de sus pacientes; posteriormente, cuando la LSD fue declarada ilegal, desarrolló una técnica de exploración de los espacios psíquicos que denominó como Respiración Holotrópica®. Pese a que en un principio la gama de experiencias o estados no ordinarios de conciencia presenta un espectro muy amplio, Grof estableció una clasificación en tres categorías básicas, postulando así un mapa útil del viaje interior.

La primera categoría corresponde a las experiencias biográficas, en las cuales se presentan a la conciencia temas emocionales no sanados del pasado del individuo, recuerdos de la infancia, adolescencia o situaciones de la vida en general. Esta categoría corresponde al nivel del inconsciente personal del individuo y ha sido ampliamente estudiada por la psicología y psiquiatría.

La segunda categoría, aunque también corresponde a un nivel del inconsciente personal del individuo, encuadra contenidos todavía más profundos, correspondientes a las experiencias perinatales. Éste profundo nivel del inconsciente, al que todavía no se le otorga un reconocimiento pleno dentro de las disciplinas de la ciencia actual, se remonta a los recuerdos de vida intrauterina y del nacimiento de la persona. Grof subdivide este nivel en cuatro grados diferentes que denomina Matrices Perinatales Básicas.

La tercera categoría no es contemplada en absoluto por la ciencia actual, e incluso la aparición de algún elemento de este nivel se considera erróneamente simplemente como patológico. Esta categoría representa el nivel de las experiencias transpersonales. Como su propio nombre indica, éstas son experiencias donde se «transciende lo personal» yendo más allá de las fronteras del ego y del cuerpo. Se experimenta el nivel del inconsciente colectivo e incluso niveles del Ser todavía más profundos con un carácter marcadamente espiritual. Estas experiencias pueden ser muy variadas pero fundamentalmente están marcadas por la trascendencia de las barreras del espacio-tiempo y de la realidad objetiva.

La filosofía perenne y la comprensión de la realidad

El mapa propuesto por Grof nos permite, en primer lugar, situar nuestras experiencias en términos de contenidos; pero además, los resultados de sus investigaciones, que han sido corroboradas por las conclusiones de otros profesionales también, nos ayudan a comprender mejor las experiencias de tipo transpersonal a pesar de lo inusual, increíble, fantástica o extravagante que nos pueda parecer una experiencia de trance, y saber con certeza que no estamos alucinando meramente, en el sentido peyorativo del término, o perdiendo la razón, sino más bien inmersos en algún tipo de proceso psicológico profundo.

No obstante, Grof reconoce con sinceridad que la novedad de su cartografía de la psique lo era tan solo relativamente, dado que tras completar un mapa de la conciencia que incluía los distintos tipos y niveles de las experiencias que había observado en las sesiones psicodélicas, cayó en la cuenta de que aquello resultaba nuevo sólo desde la perspectiva de la psiquiatría académica occidental. Era evidente que Grof había descubierto lo que Aldous Huxley denomina la «filosofía perenne»: una comprensión del Universo y de la existencia que había surgido, con pequeñas variantes, una y otra vez en distintas culturas y periodos históricos. Cartografías de la conciencia similares se conocían en diversas culturas desde hacía siglos e incluso milenios en los distintos sistemas de yoga, el vajrayana tibetano, el shivaísmo de Kashmir, el taoísmo, el sufismo o la kábalah.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

La máscara, un baile de apariencias y autoengaños

La máscara, un baile de apariencias y autoengaños

Ocultarse es de las primeras reacciones del hombre ante las faltas cometidas y cuyo origen se encuentra en el miedo a ser descubiertos y juzgados. Ya el mito del Génesis, nos muestra cómo en el principio del ser humano surge el impulso a ocultarse, cuando Adán y Eva se cubrieron tras una hoja de parra al sentir vergüenza al descubrir que estaban desnudos ante Dios. Detrás de una «máscara» encontramos un común denominador: El miedo. Usamos máscaras por miedo a ser reprobados, miedo a ser criticados, miedo a no obtener la aprobación de los demás, miedo a expresarnos, miedo a hacer el ridículo, miedo a que nos conozcan tal y como somos en realidad. Muchas personas usan una máscara de frialdad e indiferencia, por miedo a parecer vulnerables frente a los demás. Otros usan la máscara del bufón como una manera de evitar los compromisos. Así, tenemos infinidad de tipos de máscaras y la mayoría son producto de la sociedad en que nos hemos educado.

La máscara tiene mil caras. Siendo todo aquello que oculta nuestra verdadera forma de ser tanto a los demás como a nosotros mismos.  Es el conjunto de autoengaños, justificaciones, mentiras, que nos decimos a nosotros mismos para no ver la realidad de las cosas. También la máscara es el conjunto de actitudes, que proyectamos a los demás y que ocultan nuestra verdadera forma de ser. Con el tiempo esa máscara pasa a reemplazar nuestra verdadera personalidad y vamos por la vida percibiendo la apariencia de las cosas sin conectar, conocer o intimar con nada de lo que nos rodea.

La máscara es una adecuación que nos permite relacionarnos con los demás con cierto grado de seguridad. O sea que, a través de las máscaras, podemos comunicarnos o podemos controlar la comunicación proporcionándonos una falsa seguridad.  Lo cierto es que nos resistimos a quitárnoslas aun cuando sentimos que sería bueno hacerlo. Protegidos por ellas, podemos vivir en un continuo aislamiento emocional ya que nos da miedo la intimidad. Sentimos un miedo atroz a mostrar nuestro lado vulnerable y más profundo –nuestra sombra psicológica–. Por lo tanto, evitamos comunicarnos íntimamente, evitamos el contacto real. La máscara nos protege y crea una distancia con los demás. Al final, toda la vida se reduce a un baile de máscaras, a un ir y venir de personas que no se tocan, nos se comunican, un desfile de seres humanos que realmente no se conocen.

 

La máscara y el autoengaño de la seguridad

Estamos tan atrapados en las máscaras que en el arte, el cine y la literatura hemos creados infinidad de héroes y villanos que ocultan su identidad tras una máscara: El zorro, Spiderman, Batman, Ironman, Darth Vader, o la máscara de hockey de Jason de la película Viernes 13 por poner sólo unos pocos ejemplos. Estamos tan identificados con la máscara que creamos fiestas y eventos para escondernos y desinhibirnos tras la seguridad de otras máscaras como Halloween o Carnaval. Quizás uno de los mejores ejemplos sea el que aparece en el relato corto de Edgar Allan Poe La máscara de la Muerte Roja que está basado en un baile de máscaras en el cual el personaje central resulta ser su propio disfraz.

 

La ansiedad, el impulso a dejar de fingir

La máscara nace como un mecanismo de defensa psicológico debido a que no queremos ver la realidad de las cosas, no queremos mostrar la realidad de lo que somos, así que sencillamente nos ocultamos con una apariencia.  Es una reacción de la no aceptación del presente, tanto exterior como interior. Muchas veces suceden cosas que son nuestra responsabilidad, pero que no queremos enfrentar, así que como siempre, tomamos el camino más fácil y nos mentimos a nosotros mismos y participamos en un inmenso teatro colectivo de zombies socialmente aceptados.

Pero ocurre que con el tiempo la presión interior –todo lo que no hemos querido ver o sentir– es demasiado grande y emerge con gran fuerza alterando nuestra aparente estabilidad y es cuando sentimos ansiedad. Llega un momento en que las máscaras se desmoronan por la presión, y la ansiedad se convierte en algo indeseable e incómodo que las máscaras no pueden ocultar. Y es cuando se recurre al profesional de bata blanca que a base de química nos ofrece una capa de barniz para seguir usando máscaras más gruesas y resistentes. Así, usamos más capas y capas de barniz que no solo nos separan de los demás, sino de nosotros mismos.

Hoy en día se dice que vivimos en la era de la ansiedad, y esto ocurre porque la propia vida –nuestra capacidad evolutiva– se abre paso empujándonos a ser seres más auténticos. Es el momento de desprendernos de las máscaras, los caparazones, las armaduras, los antifaces, las caretas, los disfraces y los maquillajes tras los que nos escondemos y vivir con plena libertad y dejar de cargar con la culpa, la vergüenza o el miedo que nos mantienen atrapados en un nebuloso baile de máscaras.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

 

 

Enfrentar la sombra psicológica: Lo que reprime el ego.

Enfrentar la sombra psicológica: Lo que reprime el ego.

Para un perfecto desarrollo psicoespiritual del ser humano se debe enfrentar la sombra psicológica. La sombra psicológica es el lado opuesto de la imagen que mostramos al mundo, es nuestro extremo oculto y está constituida por lo que no ha entrado en la conciencia de forma adecuada. Todo aquello que asimilamos subliminalmente, rechazamos o reprimimos puede ser la base que forme nuestra sombra, aunque no siempre es todo lo que consideramos como malo o negativo lo que en ella se deposita. Al no ser percibida por el ego consciente, la sombra es considerada como algo ajeno a la persona y cuando aparece en nuestros sueños, pensamientos o reflejada en la vida cotidiana nos provoca una intensa reacción. Como observó C. G. Jung, cuando emerge la sombra en la consciencia se convierte en algo espantoso y un miedo atávico se apodera de la mente por sorpresa.

En la sombra existe también una gran cantidad de cualidades positivas, pero éstas permanecen escondidas para nuestro ego controlador. Generalmente ocurre que, cuanto más virtuoso quiere ser nuestro ego, mayor sombra almacena en su interior volviéndose en consecuencia más extremados los polos contenidos en la psique. Rechazar o ignorar nuestro lado oscuro, en realidad implica alimentarlo desmesuradamente. El mal humor, la depresión, la ansiedad, las adicciones, el pesimismo o la ira son manifestaciones de la sombra que emerge hacia el mundo exterior. Para no tener que asumir la responsabilidad sobre ella, en la mayoría de las ocasiones la sombra es proyectada sobre algo o alguien del mundo exterior, dado que nos resulta más fácil y cómodo proyectar externamente que integrar internamente.

 

La sombra relegada en el inconsciente

Cada vez que accedemos al inconsciente nos encontraremos con el polo opuesto de algún aspecto nuestro, que el ego experimenta con gran intensidad en forma de una confrontación, una herida, una pérdida o incluso una muerte. Nuestro petrificado ego se resiste siempre a los cambios, a abandonar su posición fija para integrar dinámicamente el polo opuesto correspondiente, encontrando siempre resistencias y motivos para no seguir hacia delante y fluir en una continua evolución de la conciencia. El ego prefiere la seguridad de lo que conoce a la asimilación de lo desconocido; pero el hecho es que si no cambiamos no crecemos. Fluir armoniosamente sincronizados con el universo nos dota de un «sentido de la vida» que avanza en una dirección concreta y permite evolucionar hacia la totalidad del ser. Cuando nos desviamos de dicha dirección perdemos el sentido de la vida, y la sombra aparece como un terrorífico pozo o el indeseable monstruo que nos obliga a reorientarnos. Esta falta de orientación o sentido en la vida juega un papel fundamental en las neurosis, que Jung define como «el sufrimiento de un alma que no ha descubierto su sentido».

El hecho es que desde lo más profundo del inconsciente nuestras fuerzas arquetípicas nos empujan constantemente al cambio, y si nos resistimos, sufriremos. Adentrarnos en ese mundo inconsciente aparentemente oscuro y desconocido es avanzar hacia la luz en pos del equilibrio y la armonía total. Pero antes de alcanzar los aspectos más luminosos es necesario enfrentarse a los aspectos más oscuros de nuestro interior que configuran la sombra, y eso es algo que nos causa un gran terror; no en vano, este oscuro mundo interior se encuentra más allá de nuestra comprensión racional.

 

La sombra, mensajera de la luz

La realidad se presenta como una paradoja constante donde confluyen todas las polaridades posibles; la vida en ese sentido no es blanca ni negra, buena ni mala, sino la interacción simultánea de todos los elementos donde la unión de los polos opuestos, la paradoja, es el aspecto creativo que hace que el universo fluya y exista eternamente.

La integración de la sombra es pues una paradoja, la correcta integración del monstruo o dragón que habita en cada uno de nosotros es un acto creativo que nos empuja a crecer y nos invita a dar un paso hacia la luz del espíritu. Desde este punto de vista podemos ver que la sombra se convierte en portadora de la luz, es el terrible dragón que guarda un tesoro oculto: la respuesta a la eterna incógnita de quiénes somos realmente y de dónde venimos.

La confrontación con nuestra sombra es una necesidad humana que se ha visto reflejada en los mitos y leyendas de todos los pueblos y culturas de todas las épocas. Todo cambio hacia una evolución empieza en las oscuras y desconocidas profundidades de la psique y las diferentes mitologías son representaciones simbólicas o alegóricas de las fases y niveles del camino evolutivo.
Es entonces cuando comprendemos mejor el mito de Lucifer, el Ángel caído, que, como su nombre indica, es el portador de la luz (Luz-Bel). Las experiencias místicas, el éxtasis o el trance constituyen estados paradójicos de la conciencia, oportunidades para experimentar la evolución y sincronizarnos con la vida en su continua expansión en el universo, una ocasión única para conocer y reintegrar la sombra que, al fin y al cabo, es también un producto de la luz.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO