COSMOGONÍAS DIVINAS, COSMOGONÍAS VEGETALES. EL ÁRBOL CÓSMICO

COSMOGONÍAS DIVINAS, COSMOGONÍAS VEGETALES. EL ÁRBOL CÓSMICO

Desde los primeros estadios de la evolución humana, los seres humanos han mantenido una estrecha relación con la naturaleza y, muy especialmente, con el mundo vegetal que alberga. El Paraíso primigenio es descrito en el Génesis bíblico como un impresionante vergel, el jardín del Edén: el lugar idílico donde apareció el ser humano por primera vez. Este mito del jardín del Edén conecta nuestro origen humano directamente con el mundo vegetal. Y nos conecta con las plantas sagradas: El Árbol de la Vida y el Árbol del Bien y del Mal. Fueron los vegetales las primeras formas de vida en la Tierra, y de ellas han evolucionado todas las demás especies animales, incluido el ser humano. Básicamente podemos considerar el fenómeno de la religión como una respuesta de la cultura humana al interrogante de lo sagrado y lo divino. Y en relación con nuestros orígenes siempre vamos a encontrarnos el reino vegetal Fuente de Diana de Éfeso (Tivoli, Italia)muy cerca de nuestro propio origen. La palabra «cultura» deriva precisamente de «cultivo». La agricultura, el cultivo de las plantas, constituye la primera profesión, fruto de la sedentarización de los primeros humanos. De estos primeros asentamientos humanos cultivadores de plantas surgieron las primeras aldeas y pueblos que darían paso, con el tiempo, a las grandes civilizaciones y sus respectivos cultos religiosos. Infinidad de mitos sobre dioses civilizadores nos ofrecen una metafórica visión de aquel pasado remoto de la humanidad en donde el reino vegetal está estrechamente emparentado con los dioses. En las antiguas culturas matriarcales, que rendían culto a la Gran Diosa, era frecuente que su simbolismo fuera de carácter vegetal.

 

LAS PLANTAS SAGRADAS Y LA DIOSA

A menudo los roles simbólicos de la Diosa -sobre todo aquellos que tienen que ver con la fertilidad- eran identificados con el toro, el buey o la vaca ya que los cuernos de estos bóvidos son equiparables a los de la Luna y sus ciclos. Asociándolos al rayo, al trueno y las lluvias que fecundan las tierras, aparecen todos ellos como símbolos muy vinculados a la botánica sagrada. Algunas de las plantas constituyeron nuestro primer alimento, otras sirvieron de medicina y las denominadas plantas sagradas se consideraron divinidades o vías de acceso hacia el mundo espiritual. El reino vegetal está estrechamente emparentado con lo divino y los mundos supranaturales, probablemente porque las plantas son los seres que llevan más tiempo poblando el planeta y, por lo tanto, se encuentran más cerca de los orígenes de la vida en la Tierra. Ciertamente, el hombre arcaico incorporó el mundo vegetal en las descripciones simbólicas de su cosmogonía y su visión cíclica del cosmos.

Nada hay que exprese mejor el despliegue de la vida universal que el de una planta en su pleno desarrollo, y muy especialmente en el simbolismo del Árbol Cósmico que aparece en la mayoría de las culturas y tradiciones ancestrales. También encontramos la simbología vegetal en los relatos mitológicos acerca del origen del ser humano en muchas otras culturas: en la cosmogonía iraní, por ejemplo, el dios Ormuz (Ahura Mazda) creó al primer ser humano y éste fue asesinado por el demonio Ahrimán; pero su semilla ya había fecundado la tierra y nacieron los gemelos Mashya y Mashyana, que en un principio crecieron como arbustos y posteriormente se convirtieron en los progenitores de la humanidad. Otro ejemplo lo encontramos en los relatos de El libro de las Maravillas del célebre viajero Marco Polo donde cuenta cómo «el primer rey de los vighuros nació de un cierto hongo alimentado por la savia de los árboles». El chamanismo, a través de su forma simbólica de ver el mundo, representa el cosmos y sus ciclos con un amplio abanico de historias y seres mitológicos. Los propios ritos chamánicos se rigen por una estructura fuertemente cosmológica, a través de la cual emerge el propio Universo y se desvela el origen de los tiempos. Como advierte Mircea Eliade, el simbolismo mediante el cual se expresa la comunicación entre los diferentes niveles cósmicos es bastante complejo y no está exento de contradicciones. Pero el esquema esencial resulta bastante claro, incluso después de las muchas transformaciones sufridas a lo largo de la historia.

 

EL ÁRBOL CÓSMICO O SAGRADO

yggrasil, el árbol cósmicoEl chamán divide el Universo en tres zonas bien definidas: el mundo terrenal o medio, el mundo infernal o de abajo y el mundo celeste o de arriba. El símbolo que aúna esta forma de concebir el cosmos es el Árbol Cósmico o Eje Cósmico. El chamán, con su iniciación, aprende a usar este simbolismo que le permite moverse con total libertad por los diferentes mundos. El éxtasis o la ampliación de la conciencia, suponen el «desplazamiento» por los diferentes niveles del Eje Cósmico o Axis mundi. Como ningún otro símbolo, el árbol representa al Universo y su continuo proceso regenerativo. El árbol se nutre del cielo y de la tierra, sus frutos, hojas, madera y flores vuelven a reintegrarse a la naturaleza constantemente. El Árbol Cósmico es la imagen de la vida, del crecimiento universal y de la evolución de la conciencia expandiéndose hacia su totalidad.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO
(Del libro BOTÁNICA SAGRADA, 2009)

LIBROS SOBRE PLANTAS SAGRADAS

Fly Agaric. A Compendium of History, Pharmacology, Mythology, & Exploration

Libro: Fly Agaric: A Compendium of History, Pharmacology, Mythology, & Exploration
Autor: Kevin M Feeney

Precio: 69,35 €

El Hongo y la genesis de las culturas

Libro: El hongo y la genesis de las culturas
Autor: Josep Maria Fericgla

Precio: 17,10 €

 

 

Muscaria. Etnografia di un fungo allucinogeno

Libro: Muscaria. Etnografia di un fungo allucinogeno
Autor: Giorgio Samorini

Precio: 12,11 €

 

 

PSICODÉLICOS: LA LIBERACIÓN DEL ESPACIO Y EL TIEMPO

PSICODÉLICOS: LA LIBERACIÓN DEL ESPACIO Y EL TIEMPO

Rompiendo fronteras invisibles: El poder liberador de los psicodélicos

Nuestra conciencia común nos hace sentir atrapados en el espacio y el tiempo, como si estuviéramos en una jaula invisible. Los psicodélicos son herramientas que nos ayudan a liberarnos de esas limitaciones, permitiendo que nuestra conciencia se expanda y experimente la realidad de una forma mucho más amplia y libre. Así como el tiempo y el espacio están conectados y pueden variar en la forma en que los percibimos, la experiencia psicodélica nos abre la puerta para sentir esa libertad y fluidez en nuestro propio ser.
Nos sentimos limitados en nuestro espacio físico y psicológico. Toda tensión física no es más que un reflejo de esa falta de espacio, esa contracción de nuestro espacio energético y sutil. Cuanto mejor nos sentimos, menos opresión y tensión experimentamos. La presión y la contracción son la fuente de las enfermedades. Esto tiene su reflejo en cómo nos afecta el espacio tanto interior como exterior. Creemos que nuestros problemas con el espacio son sólo externos, pero en verdad nacen en nuestro interior. Cuanto más nos aferramos a nuestra individualidad, a nuestro ego, menor se hace nuestro espacio, y mayor es la tensión que experimentamos.
El ego representa una limitación irreal de nuestro espacio; es como identificarnos con el aire que está dentro de la botella, sin darnos cuenta que ese aire es exactamente igual al mismo aire que la rodea. El «yo» y «lo mío» nos contrae y tensa en la medida de su magnitud mental, es decir, en la importancia que le damos a las cosas.

 

Atrapados en el tiempo

Como el espacio es a lo físico, el tiempo lo es a la mente. La mente nos atrapa en el tiempo, en ese discurrir lineal entre pasado y futuro que creemos que es la existencia. Cuanto más nos atrapa el tiempo, más enferma la mente, pues el tiempo es una creación de la mente y no una realidad objetiva.
Sufrimos en la medida en que quedamos atrapados en experiencias del pasado que todavía nos condicionan, y siguen presionándonos, impidiéndonos vivir el aquí y el ahora con plenitud. Esta presión nos empuja a ir en busca de un futuro de realización que nunca parece llegar. Nos mantiene en un estado de estrés permanente donde no hay alivio. El presente es la eternidad y la culminación de todos nuestros anhelos; la búsqueda mal entendida nos aleja de aquello que buscamos. La plenitud está aquí y ahora, en el presente.
Toda la dualidad es un reflejo de la dualidad esencial que se establece en lo más interno del ser humano, entre el alma y su fuente, entre la parte y el todo. A partir de este desequilibrio esencial —una percepción de separación— se generan los demás desequilibrios: la mente se polariza y sólo percibe un mundo de elementos separados.

 

Integración de los opuestos y psicodélicos

La integración de los opuestos es la clave para lograr un estado de expansión y crecimiento espiritual. Los psicodélicos pueden ser valiosas herramientas en este proceso, porque nos permiten experimentar la reconciliación de las polaridades internas y acceder a una sensación de unidad. Cuanto más nos alejamos de nuestro centro, menor es la armonía y más polaridades se crean, generando más dolor y sufrimiento. Somos una dualidad buscando la unidad original, pues toda dualidad surge de una unidad primordial. La experiencia psicodélica facilita el encuentro entre los opuestos en un nivel más profundo, en ese centro común donde ambos tienen su origen. Allí se produce la verdadera integración, el poder interior, la relajación, la conciencia y la salud. En la dualidad hay lucha, tensión, disociación, neurosis, psicosis y enfermedad; pero cuando encontramos la integración y la unidad, logramos equilibrio y bienestar.
Las energías (pensamientos, emociones…) que no se reconocen o rechazan, pasan a nuestra «sombra» inconsciente y allí se transforman en nuestros demonios, dando poder a todo lo que allí habita.
Cuando en la alquimia se habla de transformar el plomo en oro, se refiere a transformar los sentimientos negativos o energías densas que residen en el corazón (lujuria, ira, codicia, apego, orgullo) en amor. El amor es el oro filosofal que todo lo cura; las pasiones son el falso oro que tanto nos atrae, pero que en vez de enriquecernos nos empobrece.
Cuando el corazón enmudece, la mente comienza a hablar, toma el control, establece modelos de la realidad que condicionan toda nuestra experiencia, quedando atrapados en la complicada red que ella ha creado.

 

Conciencia y luz

La experiencia psicodélica ofrece una oportunidad única para iluminar el interior y expandir la conciencia, funcionando como un catalizador que nos ayuda a descubrir aspectos profundos y olvidados de nosotros mismos. Cuando hablamos de luz de la conciencia, nos referimos a ese estado de claridad y presencia en el que podemos observar y transformar nuestros sentimientos más antiguos y olvidados.
Durante un viaje psicodélico, la luz de la conciencia puede revelarse con mayor intensidad, permitiendo ver con mayor claridad aquellas partes de nuestro ser que normalmente permanecen ocultas, como viejas heridas emocionales o patrones inconscientes. Esta luz nos ayuda a desprendernos de bloqueos interiores y a liberar recursos psíquicos que estaban atrapados, abriendo nuevas formas de ver y sentir la vida.
Los psicodélicos ponen en evidencia que la conciencia no es solo racionalidad: conectan al Self o Yo Superior, un aspecto más profundo y completo de nuestro ser, y nos muestran que el análisis mental por sí solo no basta para conocernos plenamente. Los caminos místicos y la experiencia psicodélica coinciden en este punto: para que surja la luz de la conciencia, es necesario detener el flujo de pensamientos y rendirse a la experiencia del presente. Desde esa quietud, la mente se ilumina y encuentra respuestas genuinas a sus problemas, revelando las necesidades y deseos más profundos que yacen bajo los conflictos cotidianos.
El verdadero encuentro consigo mismo puede intensificarse notablemente en estados psicodélicos, facilitando el acceso a la “sombra” psicológica y promoviendo la autoaceptación y la integración de todas nuestras partes separadas en nuestro interior. Al conectar con nuestro chamán interno —esa parte sabia y reguladora de nuestro ser— gracias a la expansión de conciencia propiciada por los psicodélicos, podemos vivir el aquí y ahora con mayor plenitud, y desde esa armonía brotan la salud y la felicidad.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

LIBROS PARA PSICONAUTAS

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